lunes, diciembre 07, 2020

Elogio de "The Office"


Todos los que hayamos pasado algún tiempo trabajando en una oficina podemos relacionarnos con este programa: hemos conocido (o hemos sido) el que mata el tiempo resolviendo crucigramas y sale corriendo a la hora de la salida, el que no tiene idea de cómo llegó a ese lugar de trabajo, pero ya lleva demasiados años ahí y no sabe hacer otra cosa, el que afirma que está en esa oficina temporalmente porque está desarrollando proyectos alternativos mucho más interesantes...

Pero más allá de esos lugares comunes, que son el motor de la serie, los productores del show y sus guionistas lograron detonar reflexiones de mayor calado. Creo que eso es lo más valioso de The Office: puedes simplemente pasar un tiempo divertido viendo cómo esos Godinez celebran otro cumpleaños en la sala de juntas (previa planeación de un comité especialmente nombrado para ello, en el que desde luego se encuentran dos compañeras que se caen mal), pero también puedes dar paso a las preguntas que plantea la serie, un capítulo tras otro: qué características tiene un jefe valioso, cuáles son las razones correctas para quedarte en un empleo, qué señales te exigen salir de ahí lo antes posible)...

Desde luego que tiene sus falencias: las últimas dos, tres temporadas son notablemente menos sólidas que las primeras (mucho de eso debido a la salida de Steve Carrell del show, y al muy poco encanto que James Spader aportó como sustituto), pero a poco más de diez años de la emisión de su último episodio, la serie se mantiene vigente gracias a esa soberbia colección de personajes entrañables puestos en situaciones en las que todos hemos estado alguna vez. 

Dicen que la vida de oficina tal como la vemos en este programa dejará de ser así muy pronto. Antes de la pandemia y el teletrabajo ya se hablaba de empresas con oficinas sin paredes y muchas amenidades para los empleados. A mí incluso me ha tocado visitar alguna con sala de descanso para leer (cualquier cosa que no sea de trabajo, me dijeron) y en la que, si lo deseas, puedes echar la siesta sin miedo a perder tu bono de productividad. Quizá entonces The Office quede como un testimonio de aquellos centros de trabajo en los que se reunían personas en algo similar a corrales con el cumplimiento de indicadores de eficiencia como su única misión... siempre que ella ocurriera entre 9 y 5 y definitivamente no en la hora de comida. 

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Las nueve temporadas de The Office se encuentran disponibles en Amazon Prime. 

domingo, junio 14, 2020

Pequeños fuegos por todas partes



Una madre soltera y su hija llegan a un fraccionamiento de clase media alta en Estados Unidos. Llevan todas sus pertenencias en un auto destartalado. Son recibidas por su nueva casera, que ha decidido rentarles el espacio a precio reducido como un acto de caridad, dado que es evidente que no podrían pagar esa vivienda. La madre soltera se llama Mia (Kerry Washington). Su hija, Pearl. Las dos son negras. Su benefactora es Elena (Reese Witherspoon), que vive en el mismo fraccionamiento, pero en una casa mucho más grande y con una familia a todas luces perfecta (su esposo e hijos son también blancos y guapitos de postal, aparte de exitosos). En medio de todo esto, y sin conexión aparente, está la historia de una bebé china adoptada por una vecina del fraccionamiento. 

Así empieza Pequeños fuegos por todas partes (Little Fires Everywhere) una miniserie recientemente estrenada en Amazon Prime, que toma como base la novela del mismo título escrita por Celeste Ng y que está llamada a ser una de las mejores series del año.

Conforme se desarrolla la trama, descubrimos más de las dos familias que vimos al principio. Nada es lo que parece. Mia no es solamente esa madre luchona a la que le cuesta llegar a la quincena; su hija, Pearl, no está tan orgullosa de la vida de esfuerzo que su madre le ha dado. Del otro lado, Elena está misteriosamente obsesionada por la adopción de la bebé china y su esposo e hijos muestran que no son los rubitos perfectos de las postales que Elena envía en diciembre a todos sus conocidos.

Sobrevolando la vida de todos estos personajes (y a veces clavando sobre ellos sus dientes sin misericordia) se encuentra la cuestión de la maternidad. ¿Por qué las mujeres deciden tener hijos? ¿Realmente lo deciden? ¿O es, en el mejor de los casos, una de esas acciones que la sociedad les impone para confirmarse como mujeres? ¿Qué decir de los casos en que la maternidad es un "accidente de la vida" que no se prevé pero se asume, aunque eso trastoque de manera definitiva el resto de sus vidas (y no siempre de manera positiva)? Luego, claro, están los hijos y su crianza. ¿Hasta qué punto las madres están dispuestas a aceptar y respetar hijos que cuando crecen no son "lo que se espera de ellos"? ¿Qué tan cierto (y justo) es ese dogma de la maternidad que afirma que una madre quiere a sus hijos "como sean"? 

Y quizá éste es el punto más fuerte de la serie: es muy, muy, MUY femenina (y feminista, diría). Las productoras son las mismas actrices que la protagonizan. La novela en la que está basada fue escrita por una mujer. Y de los ocho episodios que la integran seis fueron escritos y dirigidos por mujeres. No queda sino celebrar que estas preguntas sobre la maternidad las hagan mujeres, para variar. Y que lo hagan con un producto de factura impecable y sin concesiones sensibleras. Corran a ver Pequeños fuegos por todas partes. No es para nada cómoda, pero es sin duda indispensable. 

jueves, junio 04, 2020

Dos series poco serias (y por eso buenas)

Formado en Saturday Night Live, Greg Daniels es el guionista responsable de varios episodios clásicos de Los Simpson ("La boda de Lisa", por ejemplo) y, sobre todo, es muy conocido por haber encabezado al equipo de guionistas que adaptó The Office a EU. 

En estos días Daniels ha estrenado dos sitcoms de los que es guionista y productor ejecutivo. Uno en Amazon Prime y otro en Netflix.

Creo necesario aclarar que estas dos recomendaciones son de series de comedias ligeras. No son joyas destinadas a ocupar páginas de gloria en la industria del entretenimiento, pero cumplen sobradamente su misión de sacarnos una sonrisa y acaso una carcajada, lo cual no es poco en los tiempos que corren.  

Empecemos.

Space Force



Quizá recuerden el revuelo que a principios de año causó la presentación que Donald Trump hizo del logo de la Fuerza Espacial estadounidense (fue la comidilla en redes sociales por su parecido con el de Star Trek). Bueno, pues precisamente a esa rama especial del Ejército, que nació con la encomienda de proteger las instalaciones estadounidenses en el espacio, se dedica este programa, pero en tono de farsa.

El programa reposa sobre los hombros dos actores brillantes (Steve Carrell como el general responsable de la Fuerza Espacial y John Malkovich como su asesor principal). Ellos son los encargados de cumplir la promesa hecha por un presidente irascible e ignorante que aseguró poder enviar una misión tripulada a Marte en 2024. Ellos dos son también la poca sensatez que queda en un equipo aplastado por la burocracia y la complacencia a la jerarquía militar. 

La serie funciona bien, sobre todo por Carrel y Malkovich, que manejan sus papeles con mucha solvencia. Y también hay un subtexto muy fino, muy bien llevado, de crítica a la administración Trump y a la ineficacia de una institución bien disciplinada y sin embargo altamente incompetente.

UPLOAD



Esta serie ubicada en el futuro cercano plantea un desarrollo científico y tecnológico que no resulta una absoluta locura (chequen, si no, esta nota al respecto): evitar la muerte transfiriendo nuestro ser a un disco duro. Y ya después de tu muerte física, tu mente (o tu ser, o lo que sea que se guarda en ese disco) puede irse al Paraíso o a un lugar no tan lindo... todo depende cuánto hayas podido pagar en vida. En ese "Más Allá", los vivos pueden interactuar con los muertos a través de una interfaz computacional. 

La serie sigue el caso de Nathan (Robbie Amell), un joven empresario que fallece en un accidente automovilístico y al que su novia le paga un paquete VIP para ese "Paraíso" después de la muerte. Ahí conoce y se enamora de Nora (Andy Allo), su asesora en ese mundo virtual (que está viva) y se da cuenta de que su muerte no fue accidental.

Los primeros capítulos de la serie son bastante ligeros (a veces demasiado), pero en todo momento hay una muy ingeniosa ironía respecto a nuestra relación con la tecnología (y el consumismo asociada a ella). En la recta final, UPLOAD gana una densidad muy apreciable que concluye con la mesa puesta para una segunda temporada que ya fue confirmada. 

domingo, abril 26, 2020

No me mires (o, bueno, sí)



Imaginen una mascota electrónica que consiste en un muñeco de peluche con rueditas y una cámara integrada. Su nombre comercial es kentuki. Tienes dos opciones para jugar con él: la primera es como "amo": lo compras (279 USD) y, en cuanto lo conectas al WiFi, permites que alguien (el que eligió la otra opción, y a quien tú no conoces) pueda ver todo lo que haces mientras el juguete esté encendido (y  no eres tú el que tiene esa alternativa). La otra opción para jugar es "ser" el juguete, es decir, la persona que --a través de una tableta o computadora-- controle al kentuki, encendiéndolo y apagándolo a voluntad y aprovechando el limitado movimiento que ofrecen sus rueditas.

Las reglas del juego son que, al menos de inicio, no se puede hacer contacto directo entre el "amo" y el "ser" (uno puede estar en Hong Kong, por ejemplo, y el otro en Oaxaca) y tampoco puedes elegir a quién ver o quién te vea. Estas restricciones, desde luego, pronto empezarán a ser violentadas. Esa es parte importante de la trama de esta novela. 

¿Quién pagaría para que lo vieran? ¿Y quién pagaría para ver? ¿Y qué pasaría si, ya entrado en el juego, me empeño en hacer contacto con la persona a la que veo (o que me está viendo)? Estas son las premisas que detonan Kentukis, la más reciente novela de Samanta Schweblin (Buenos Aires, 1978).

Muy al principio, cualquier persona más o menos "normal" (ojo con las comillas) se negaría en redondo a pagar por observar a alguien, o por ser observado. Pero no hace falta rascar demasiado en lo que ya ocurre con nuestros smartphones para darnos cuenta de que la premisa de Schweblin no es profética, sino costumbrista. Lo que plantea la autora no es que pueda ocurrir, es que ya ocurre: observar y ser observados es la razón de ser de las redes sociales a las que, según estudios, dedicamos más de dos horas al día.

La novela es polifónica: a lo largo de ella, conocemos distintas versiones de "amos" y "seres", algunas más desarrolladas que otras, pero todas con una perspectiva valiosa de esta tentación tecno-voyerista. Otro acierto es que la autora evita el final moralino y facilón de condenar la tecnología o nuestra relación con ella. Permite al lector sacar sus propias conclusiones y reflexionar en torno a lo que haremos cuando tengamos ese artefacto en casa... si no es que lo tenemos ya, conectado a su cargador y con su cámara encendida.
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Kentukis, de Samanta Schweblin, está editada por Random House (2018). La edición digital cuesta $119; la impresa, $285.4.

miércoles, enero 15, 2020

¿Qué pasó en Torreón?

El pasado viernes 10 de enero hubo un tiroteo en el Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila. Las primeras versiones de los hechos las dio a conocer el alcalde de la ciudad, Jorge Zermeño Infante, quien adelantó que el causante del tiroteo fue un niño de 11 años, estudiante del plantel educativo.
El alumno llevaba dos armas de fuego, las cuales usó para matar a su maestra, disparar a sus compañeros (hubo seis lesionados) y luego suicidarse.
Como sucede siempre en estos casos, las redes sociales fueron medios y testigos de una gran cantidad de comentarios y análisis de los hechos. Los más recurrentes, al menos con base en lo que yo pude leer, se referían a las declaraciones de Miguel Riquelme, gobernador de Coahuila, en el sentido de que un videojuego "pudo haber influido" al niño que realizó el ataque. El gobernador asumió eso después de enterarse de que el atacante había utilizado un atuendo imitando a Eric Harris, uno de los perpetradores de la masacre en Columbine en 1999, que a su vez llevaba una playera con el nombre de un videojuego llamado Natural Selection.
Personalmente no me sorprende ya, pero sí me sigue molestando muchísimo, la capacidad de nuestra sociedad para construirse respuestas fáciles que mantengan el status quo y "no le muevan" a lo que verdaderamente importa. Lamento a las multitudes que encuentran la tragedia de Torreón razones para criminalizar a los niños y adolescentes y vulnerar su derecho a la privacidad con revisiones de mochilas en escuelas que se pretenden seguras. Repudio también a quienes afirman desde una falsa superioridad moral que seguramente el niño de Torreón tenía problemas porque vivía con su abuela y no tenía a sus dos padres cerca (como si la "vacuna" contra cualquier trastorno emocional fuera vivir en una familia nuclear tradicional). 

Precisamente desde lo ocurrido en Columbine en 1999, he investigado mucho sobre ese hecho y otros similares. Lo que he obtenido como experiencia es que esos monstruos que nos espantan se parecen bastante a nosotros (los "normales") y SIEMPRE son sumamente complejos (como nosotros). Nunca (¡nunca!) se trata de personajes planos, que permiten ser clasificados en la carpeta de "Malos" sólo porque supuestamente sus vidas carecieron de amor y atención. 

Un caso específico de lo anterior son los mismos perpetradores de la masacre de Columbine. Eric Harris y Dylan Klebold eran adolescentes perfectamente "normales". De hecho, un año antes de los asesinatos, ambos fueron atendidos por psicólogos y psiquiatras como parte de la atención que se les dio tras haber cometido un delito menor. Ninguno de los especialistas que los trataron detectó algo anómalo en ellos. Sue Klebold, la mamá de Dylan, negó durante mucho tiempo que su hijo fuera "malo" y atribuyó la responsabilidad de los crímenes a Eric, quien habría influenciado negativamente a Dylan. Varias grabaciones y textos que ambos dejaron le obligaron a reconocer la dolorosa realidad de que su hijo había sido tan responsable como Eric en los hechos. La Sra. Klebold escribió en 2015 un libro narrando su experiencia. Por ese entonces se presentó en una conferencia TED (que dejo abajo), y contó lo mucho que le duele cuando alguien le pregunta/reclama cómo fue posible que no se diera cuenta de los problemas que tenía su hijo. "He aprendido que no importa cuánto queramos creer que podemos... no podemos conocer ni controlar todo lo que nuestros hijos piensan y sienten. Y creer que somos diferentes, que nuestros hijos nunca pensarían en hacerse daño o dañar a alguien, hace que no veamos su parte oculta".

Su respuesta es devastadora, porque nos asoma a un abismo: lo que le ocurrió a ella, como lo que le ocurrió a la familia del niño en Torreón, nos pudo (y nos puede) ocurrir a cualquiera. Ninguno de nuestros hijos se encuentra a salvo sólo porque le preguntamos cada noche cómo le fue ese día. Y ciertamente tampoco está mucho más seguro sólo porque le revisen la mochila a la entrada de la escuela o le prohibamos jugar videojuegos. La respuesta es, insisto, mucho más compleja, y creo que queda brillantemente resumida en lo que contestó Marilyn Manson después de que varios lo señalaran como parcialmente responsable de que los adolescentes estadounidenses se sintieran atraídos por la "cultura de la muerte" que supuestamente él representaba a principios de este siglo. En su documental Bowling for Columbine (2002) Michael Moore le preguntó a Manson: "Si pudieran escucharte en este momento, ¿qué les dirías a los chicos que perpetraron la matanza de Columbine?" Manson respondió: "No les diría ni una sola palabra. Escucharía lo que tuvieran que decirme... que fue lo que nadie hizo jamás". 

miércoles, enero 08, 2020

¿Uno de nosotros?



A mediados de los '90 del siglo pasado, Joan Osborne grabó una canción en la que se preguntaba cómo sería Dios si estuviera entre nosotrosDesde entonces, esa idea me ha resultado fascinante. ¿Cómo se llamaría? ¿A quién se parecería? ¿Hablaría por teléfono? ¿Con quién? ¿Acaso con el Papa, como dice la canción de Osborne?

Más o menos de eso va Mesías, que Netflix estrenó el 1° de enero anterior. 

Un tipo del que nadie sabe nada aparece en Siria arengando a una multitud a acompañarlo a la frontera con Israel. Muchos van con él, que durante el camino se muestra distante de las masas y renuente a predicar como los viejos... digamos que lo hace a su manera. Desde entonces llama la atención de una agente de la CIA (Michelle Monaghan), que no descansará hasta descubrir la que ella considera la evidente farsa de otro loco que asegura venir a redimirnos. En esta misión se encontrará a un agente del Mossad (Tomer Sisley) que, con sus propios intereses en mente, le pondrá varios obstáculos en el camino. 

El personaje de Mesías está muy bien desarrollado por el actor belga de origen tunecino Mehdi Dehbi. Los guionistas le ayudaron mucho escribiéndole un rol pleno de matices, gracias a los cuales unas veces resulta encantador y otras aterrador, como cualquier líder con semejante carisma y ambición.

La premisa se mantiene en buena forma durante la mayor parte de la primera temporada de Mesías. Al final se fuerzan las cosas un poco, pero no se desvirtúa el objetivo principal de la serie: entretener, desde luego, y mover un poco a la reflexión: en un mundo espiritualmente convulso, ávido de fe y esperanza, ¿cómo sería la vida con un mesías entre nosotros? ¿Qué tal si, como planteaba Joan Osborne en su canción, Dios (o su enviado especial) fuera un tipo común y corriente? ¿Cómo reaccionarían los creyentes, los ateos, los gobiernos, los científicos, si algo así ocurriera?

Lo mejor de este planteamiento es que aun si no fuera cierto, es decir, si el "Mesías" fuera un magnífico embaucador, con eso bastaría para sacudir las bases de nuestra sociedad, tan temerosa y endeble. Sólo por eso vale la pena ver esta serie. Todos creemos o quisiéramos creer, pero nuestra fe tiene fronteras poco claras, y en esas zonas borrosas de lo que estamos dispuestos a creer (o no) ocurren fenómenos desconcertantes y, sí, en ocasiones también inexplicables. 
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La primera temporada de Mesías, creada por Michael Petroni, está en Netflix desde el 1° de enero pasado. Tiene diez capítulos, de aproximadamente 45 minutos cada uno. 

miércoles, enero 01, 2020

Será larga la noche



En la Colombia actual, la del "posconflicto" (o sea, después de los acuerdos de paz con las FARC en 2016), un enfrentamiento entre dos grupos muy fuertemente armados despierta el interés de un fiscal y una periodista, que deciden investigar. Se desencadena así una trama que nos lleva a saber que la batalla se debió a un ajuste de cuentas entre dos pastores evangélicos.

Gamboa pone sobre la mesa algunos temas interesantes. Ya mencioné el "posconflicto". También está, desde luego, el 'boom' de las iglesias evangélicas, que parece haber diversificado sus actividades (por decirlo de algún modo) infiltrándose en las cúpulas políticas no sólo de Colombia sino de toda América Latina. Sin embargo, estos asuntos se desarrollan poco y quedan sólo como una escenografía atractiva, pero mal aprovechada. 


En una entrevista con la BBC Gamboa afirma que ésta es más bien una novela de personajes. Que no importan tanto los hechos, sino quiénes los llevan a cabo. Me parece que si esa fue su apuesta, nos queda debiendo. Los personajes en torno a los que gira la historia (la periodista Julieta, el fiscal Jutsiñamuy y los dos pastores enfrentados) están bien construidos, pero ninguno llega a ser memorable. Las historias personales de los dos pastores, de hecho, dejan muy pronto de ser atractivas para convertirse en un hatajo de lugares comunes (orfandad, lucha contra varios obstáculos, traición, etc.) desarrollados muy a fuerza para justificar el enfrentamiento que detona la novela. 


Una de las mayores dificultades que enfrenta un autor de novela negra es llegar al final de su obra con coherencia, que la trama siga teniendo sentido... que no se te haga bolas el engrudo, pues. Gamboa, aunque es un autor curtido, no logra salir bien librado de esta misión. En el último tercio se le desmorona una trama razonablemente interesante y recurre a acciones absolutamente inverosímiles (una agente secreta con demasiada buena suerte resuelve todo en dos patadas), para darle los últimos empujones a la resolución del conflicto.  


Será larga la noche es una obra mediana, entretenida, epidérmica. Apenas digna para matar el tiempo en vacaciones. 


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Será larga la noche, de Santiago Gamboa, está editado por Alfaguara (2019). La versión electrónica (Kindle) cuesta $169. En México, la edición impresa estará disponible en febrero.

miércoles, agosto 07, 2019

¡Vamos, muchachos!


¿Cómo sería el mundo si en él habitaran súper héroes como los de DC y Marvel? ¿Habría más justicia si tuviéramos al Capitán América combatiendo terroristas? ¿Habría equidad de género con alguien tan poderosa (y empoderada) como la Mujer Maravilla? ¿Serían los océanos más limpios si se encargara de ello Aquaman?

Según The Boys, la nueva serie de Amazon Prime, ese mundo sería mucho peor que en el que vivimos. Los súper abusarían de su poder constantemente, actuarían con base en métricas de popularidad en redes sociales y serían administrados por una empresa privada que ofrecería sus servicios al gobierno que mejor pudiera pagarlos. Habla Garth Ennis, guionista del cómic que dio origen a la serie: "Los súper héroes en el mundo real serían una mezcla de políticos y estrellas de rock. Estarían rodeados de brillo y glamour, pero también tendrían un efecto real en las personas comunes. Ese sería el momento en el que las corporaciones se involucrarían: los convertirían en una marca qué desarrollar y cuidar".  

Y este es probablemente el mayor acierto de The Boys: nos ofrece personajes realistas. Los súper héroes no son aquí esos mamarrachos santurrones a los que estamos acostumbrados desde finales de la Guerra Fría (y mucho más presentes desde el incontrovertible éxito de las películas del Universo Marvel). Sí, tienen súper poderes, pero sus pulsiones siguen siendo humanas, y por la misma razón son propensos a ceder al "lado oscuro de su fuerza" (no hay súper poder que proteja contra la vanidad).

Otro punto a favor es el tono. En el ánimo rompedor de la serie, la tesitura es casi siempre brusca, e incluso estridente. Hay muchas palabrotas, varias escenas de sexo (no tan explícito) y aún más de violencia (muy explícita). Sin ser precisamente revolucionarios, los productores han sabido generar y mantener un discurso rebelde contra el statu quo, dando por hecha la corrupción de los políticos, la ambición de las corporaciones y la obsequiosidad de los medios de comunicación. 

En este mundo tan sombrío, la única esperanza recae no en los súper héroes (eso está claro) sino en un grupo de descastados que por muy turbios motivos decide emprender una misión prácticamente suicida. Una misión que en días por venir confirmará su segunda temporada. La primera ya pueden verla completa en Amazon Prime.     

jueves, mayo 30, 2019

El cuento de la criada

Publicada por primera vez en 1985, esta novela no sólo ha envejecido con mucha dignidad, sino que mantiene una sorprendente y vigorosa vigencia. 

En futuro distópico en el que cunde una epidemia de esterilidad, una narradora en primera persona (la criada del título) nos cuenta su historia como una de las mujeres que sirve como madre (pero no esposa) de uno de los "Comandantes" que ocupan los muy pocos lugares de alto rango en la sociedad. Todas las libertades que en los '80 eran comunes, ahora están restringidas o eliminadas. Es común ver colgados a los disidentes: médicos que practican abortos, sacerdotes (las religiones están prohibidas) y homosexuales, entre otros. 

La narración inicia in media res, intencionalmente carente de muchos detalles, lo cual genera una incertidumbre muy eficaz para el lector que ha de continuar leyendo para completar el cuadro. En varios momentos la criada nos dice que no desea contar su historia y cambia su versión, haciendo aún más desconfiable su papel de narradora. El final abierto deja muchas incógnitas, y sobre todo un amargo sabor de boca al darnos cuenta de que ese mundo atroz está más cerca de lo que nos imaginamos.      

Margaret Atwood (Canadá, 1939) recibió un par de premios por esta novela en 1985. Desde entonces ha sido un referente sólido de las letras canadienses. Fue Premio Príncipe de Asturias en 2008 y, dicen los que saben, es frecuente en la lista de candidatos al Nobel. Yo no había leído algo de ella nunca, pero El cuento de la criada me ha sorprendido muy gratamente. Es un texto inteligente y valiente que, a casi 35 años de publicado por primera vez, sigue poniendo puntos sobre las íes respecto al hecho de que los derechos y privilegios que gozamos hoy (democracia, liberación femenina, libertad de expresión, etcétera) no son definitivos. Y que bastan sólo algunas variables no tan difíciles de combinar para que los retrocesos ocurran en nombre de una sociedad más ordenada y segura.  

MGM ha producido una serie con base en el texto. No la he visto, pero sé que en estos días se estrena la tercera temporada (ya no basada en la novela de Atwood). Las dos primeras pueden verse en FOX. 

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El cuento de la criada, de Margaret Atwood, está editado por Salamandra. La edición impresa cuesta $345 en Gandhi. La versión electrónica cuesta $229 (para Kindle). 

domingo, enero 06, 2019

El lado oscuro del "Primer Mundo"

Gunter Wallraff (1942) es periodista de investigación desde 1966. En Alemania, su país natal, es una pequeña celebridad debido a su estrategia para obtener información: se disfraza y se infiltra durante semanas o meses en empresas, colectivos y sindicatos. Es muy famoso su reportaje Cabeza de turco, publicado en 1985, en el que retrató las condiciones de trabajo de los inmigrantes indocumentados en la Alemania de mediados de los '80.

En este libro Wallraff presenta algunos reportajes más recientes, aunque no todos están basados en su método de "infiltración", pues varios son investigaciones que él mismo realizó con base en testimonios que le hicieron llegar. El trabajo de Wallraff mantiene un enfoque social que en ningún momento oculta: quiere demostrar cómo una economía como la alemana (la más importante de la Unión Europea) ha fallado al momento de equilibrar la balanza social y, por el contrario, ha aumentado la injusticia y empeorado las condiciones de trabajo de millones de personas. Desde el título anuncia que estos reportajes surgen de la convivencia con los "perdedores del mejor de los mundos", es decir, los de abajo en la escala social en uno de los países más prósperos del planeta. 

Sin duda las piezas mejor logradas son aquellas en las que el autor participó activamente (como infiltrado). Muy notables son los primeros dos trabajos del libro: en uno se disfraza de negro y así recorre varios lugares de Alemania: la xenofobia galopante de casi todas las personas con las que se encuentra es verdaderamente aterradora; en otro se disfraza de indigente y así se lanza a la calle para vivir un invierno (un infierno) poniendo a prueba la asistencia social alemana, que se demuestra hiperburocrática y casi totalmente indolente ante las personas sin hogar.

Basado en testimonios y documentos obtenidos a través de terceras personas, Wallraff presenta trabajos también valiosos sobre la precariedad de los empleados ("socios") que trabajan en Starbucks y el acoso laboral (mobbing) en algunas empresas (públicas y privadas) de alto nivel.    

La lectura del libro es muy desconcertante en cualquier contexto, pero en México resulta escandaloso preguntarse: "Si eso pasa en Alemania, ¿cómo será aquí?" Por ejemplo: el autor alemán se dice indignado porque una cuarta parte de la población económicamente activa de su país percibe un salario bajo. ¿Qué pensaría del caso mexicano, donde según cifras oficiales (Coneval) el 50% gana sólo entre uno y tres salarios mínimos (entre 2 y 6 mil pesos) al mes? Si Wallraff se queja del despiadado acoso laboral de algunas empresas contra sus empleados "problemáticos" y consideramos que Alemania es sexto lugar en el Índice Global de Estado de Derecho, ¿qué podemos suponer que ocurre en México, 92 en la misma tabla?

La conclusión de Wallraff no es nada halagüeña: en Alemania, dice, "la injusticia ha aumentado y las condiciones de vida no se han vuelto más humanas, sino todo lo contrario". Si así están las cosas en el "mejor de los mundos"... ¿cómo estamos en los "suburbios"?
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Con los perdedores del mejor de los mundos, de Günter Wallraff, está editado por Anagrama (2010). La edición impresa cuesta $390 en Gandhi ($300 en Amazon con envío gratuito si tienen suscripción Prime). No hay versión electrónica. 

lunes, noviembre 26, 2018

Sobreviviendo a la pubertad


Dicen Bárbara Tamborini y Alberto Pellai (La edad del tsunami, 2018) que la preadolescencia es la edad del tsunami: cuando entra en una familia, lo arrolla todo. Desde luego, y a diferencia del maremoto, la pubertad no tiene por qué ser desastrosa. Mucho menos si se cuenta con herramientas para lidiar con ella. 

Con esa intención, un par de jóvenes psicólogas han desarrollado un taller de supervivencia especialmente para preadolescentes (niños y niñas de entre 11 y 14 años). Se abordarán temas de comunicación, relaciones interpersonales y conductas de riesgo, entre otros. 

Tania Santamaría, una de las cabezas del proyecto, es exalumna mía y accedió a responder estas preguntas para ofrecer más detalles sobre el taller, del que habrá una versión para padres y madres de familia en febrero próximo. 

¿Cuáles son los retos más importantes que padres y profesores tienen al momento de educar preadolescentes?
En la preadolescencia se viven muchos cambios, así que hay bastantes retos. Entre los más importantes se encuentran la comunicación, establecimiento de límites, protección del autoestima y relaciones con pares.
Considero que el más difícil es la comunicación. Los preadolescentes ven las  figuras de padres y profesores como una autoridad, y en esa etapa se encuentran desafiándola. Es normal y es parte del desarrollo, pero es importante establecer límites claros y amorosos.
Por otro lado, como comento, los límites son esenciales en esta etapa y en cualquier otra. Los preadolescentes se encuentran explorando y experimentando, así que es necesario dejarlos revisar y conocer el mundo; pero siempre teniendo claro que hay reglas y éstas se deben respetar.

Hay papás y profesores de preadolescentes que asumen que en esta etapa deben ser amigos de sus hijos o alumnos. ¿Hasta qué punto es esto o no recomendable y por qué?
No lo considero recomendable. Como mencioné previamente, la comunicación es uno de los temas más difíciles de llevar con los preadolescentes, pero el establecimiento de límites y reglas es necesario para un buen desarrollo.
Hay una diferencia entre tener un rol de padre o madre amorosa y uno de amigo o amiga. En el primero, se educa, se escucha, aprende y entiende lo que el o la adolescente está viviendo; en el segundo, por otro lado, los límites quedan olvidados y se divierten haciendo cosas “de grandes”.
Puede ser muy perjudicial para los niños que se están convirtiendo en adolescentes no tener una figura constante y amable. Sin embargo, es peor mostrar una actitud de libertinaje que solape las actitudes del menor. Esto lo o la puede llevar a no respetar más adelante los acuerdos que se viven en el día a día.

Cuéntanos un poco acerca de la metodología del taller. ¿Cómo harán para que los asistentes no asuman las sesiones como "clases" normales?
Se llevarán a cabo actividades lúdicas donde los preadolescentes no sientan que están aprendiendo. Al ser un taller psicoeducativo, vienen muchos elementos de conocimiento, pero en este caso, haremos que los y las chavas tengan una idea divertida de aprender.
Se emplearán elementos tecnológicos, actividades en equipo, reflexivas, competencias, chistes y expresión corporal y creativa.
Buscamos que sea un espacio donde los jóvenes puedan crear un círculo social para así tener redes de apoyo, las cuales son importantísimas para todos.
El lenguaje también será esencial. No pretendemos hablar como maestras. Buscaremos ser una figura de aprendizaje que sea amable y confiable.

¿Por qué decidieron iniciar con el taller para los chicos y no con el de los papás?
Nos pareció importante entender qué están viviendo los preadolescentes de hoy en día antes de dar un taller para padres y madres. Es cierto que nosotras desarrollamos el taller investigando y revisando tendencias actuales, pero nada como tener a los jóvenes frente a frente y tratar con ellos.
Al final entregaremos resultados personalizados para revisar las áreas de oportunidad, problemáticas y motivaciones de los y las adolescentes. Esto a los padres les brindará una mejor perspectiva y conocimiento de sus hijos e hijas.
Tenemos planeado, en febrero, desarrollar un taller para los padres y madres interesadas tomando como base la información que hayamos podido observar en esta primera experiencia. De esta manera garantizamos un taller hecho a la medida del preadolescente actual y no un taller de libro, como hay muchos.

Háblanos acerca de quienes impartirán el taller. ¿Qué formación tienen? ¿Con qué experiencia cuentan en el área?
Somos dos psicólogas. Llevamos siendo amigas mucho tiempo y comenzamos a ver necesidades a lo largo de nuestra formación, con esa idea, surgió PANORAMA, nuestra organización, donde estamos comenzando a trabajar con psicoeducación experiencial que contribuya a un mejor desarrollo del individuo en la sociedad actual.
Las dos somos jóvenes y buscamos integrar todos los cambios que hay en el mundo en un espacio seguro donde se puedan desarrollar habilidades y obtener herramientas.
Karen, mi socia, y yo, estudiamos la Licenciatura en Psicología en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Tenemos cuatro años de experiencia, pues el sistema de la UIA exige prácticas desde el primer semestre. Las dos hemos trabajado con poblaciones infantiles, adolescentes y adultas, todo esto en diferentes escenarios, algunos de ellos centros de internamiento para adolescentes en conflicto con la ley, clínicas para personas con trastornos de la conducta alimentaria, personas migrantes, madres y padres de familia, estudiantes, personas que viven con VIH, entre otros.
Tenemos una visión bastante completa de la estructura del ser humano y buscamos integrarla para que cada quien, desde su individualidad, enriquezca PANORAMA.
Tenemos la idea de compartir nuestra pasión con las personas que decidan inscribirse a nuestros programas y conocer sobre ellos o ellas para integrar nuevos modelos o formas de pensar. Es un ejercicio colaborativo que va acompañado de mucha investigación para poder brindar los mejores talleres.
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El taller Las cosas que no te dijeron de crecer, para niños de 11 a 14 años, se impartirá los próximos 13, 14 y 18 de diciembre de las 4 a las 7 P.M. en las oficinas de PANORAMA (Cd. Satélite, Edomex). El costo es de $1,500 e incluye materiales didácticos. Habrá una sesión informativa el 29 de noviembre a las 5 P.M. Pueden solicitar más información escribiendo a panoramaworkshops@gmail.com o llamando a los teléfonos 55 4135 2219 o 55 2332 9814.   

jueves, noviembre 22, 2018

Elogio del valemadrismo


Hasta hace relativamente poco tiempo, siempre había considerado "importantes" a las personas demasiado ocupadas. Aquellas que se tardan mucho tiempo en responder un mensaje (y te contestan disculpándose de haber estado tan ocupados), que siempre tienen prisa (y casi siempre llegan tarde) y tienen que revisar su agenda para confirmar si pueden tomar café alguna tarde. En nuestros tiempos, no tener tiempo libre o tenerlo poco, parece un símbolo de estatus: "Si está tan ocupado seguro es porque le va bien, porque es exitoso, y (obviamente) gana mucho dinero".

No sé cómo sea en otros ámbitos, pero al menos en los que me muevo, lo "ideal" (ojo con las comillas) parece ser tener agenda llena, y no terminar algo cuando ya tienes en tu lista de pendientes otra pila de tareas que urgen. Sólo este año tres compañeros de trabajo han sido diagnosticados con problemas de salud por estrés laboral y al menos dos más (incluido yo) dejaron sus puestos directivos agobiados por una carga de trabajo que hace tiempo dejó de ser exigente y se convirtió en absurda (la evaluación de mi desempeño en el actual ciclo escolar se hará sobre la base de, al menos, 27 rubros). Byung-Chul Han ha escrito bastante al respecto (sobre todo en La sociedad del cansancio, 2010) donde establece: "Lo que enferma no es el exceso de responsabilidad e iniciativa, sino el rendimiento como nuevo mandato de la sociedad de trabajo".

Sin tanta densidad filosófica presenta Mark Manson su primer libro, El sutil arte de que te importe un carajo (HarperCollins, 2017), en el que reflexiona sobre la importancia de reducir, no aumentar, la cantidad de cosas que importan. "El problema de la gente que anda por la vida dándole importancia a todo y a todos es que llega un punto en que se comieron toda la bolsa de palomitas y no les queda nada realmente valioso a qué darle importancia". Aderezado con algunas anécdotas personales y algo de budismo elemental, Manson logra dar en el clavo de la reflexiones necesarias pero tan frecuentemente evadidas en nuestros tiempos: ¿Por qué hacemos lo que hacemos? ¿Para agradar a quién? ¿De quién fue la idea original de estudiar esto o trabajar en aquello? ¿A quién conviene que tengamos tanto miedo de equivocarnos, y que prefiramos "malo conocido que bueno por conocer"? ¿Por qué nos da tanto miedo decir "no" a algún trabajo, proyecto o persona? 

La conclusión de Manson es también obvia, pero no sencilla. En realidad no invita a que todo nos importe un carajo, sino a redefinir los valores de nuestra vida, que seamos nosotros los que elijamos qué problemas enfrentar, y mientras menos mejor. Asignarse problemas verdaderamente importantes (desde nuestro punto de vista) y que lo demás valga --como dice mi abuela-- una pura y dos con sal (o sea, nada). Desde esta perspectiva lo aberrante no es tener "demasiado tiempo libre" sino una agenda tan saturada que no se cuente con tiempo para hacer lo que realmente nos satisface. Y asumir (sin culpa) que muchas veces eso es profundamente "improductivo" y prácticamente imposible de medir cuantitativamente: salir con los amigos, correr un maratón, armar un rompecabezas, volver a escribir en su blog... Lo que ustedes decidan. 
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El sutil arte de que te importe un carajo, de Mark Manson, está editado por HarperCollins México. La edición impresa cuesta $234 (en Gandhi), la digital (en Kindle), $89. 

lunes, septiembre 24, 2018

De cómo un robot puede ser tu próximo compañero de trabajo


Hace algunos años un exalumno me recomendó Crear o morir, de Andrés Oppenheimer. No puedo decir que el autor o el tema (la innovación empresarial o tecnológica) me interesaran especialmente en aquel entonces, pero sus comentarios del libro fueron tan entusiastas que decidí leerlo. El resultado fue muy enriquecedor pues, aparte de enterarme de algunos de los adelantos tecnológicos más importantes de entonces (impresoras 3D, drones), le puso nombre y apellido al miedo atávico que tenemos al fracaso en América Latina (y que compartimos con varias culturas asiáticas). Escribí sobre eso en una entrada anterior de este blog

El nuevo libro de Oppenheimer, parte de un estudio de la Universidad de Oxford que afirmaba en 2013 que el 47% de los trabajos existentes en ese momento estarían en peligro o de plano desaparecidos hacia el 2025. Esto debido al acelerado proceso de automatización de muchos empleos. El autor señala que no se trata de la robotización que desde hace varias décadas se vive en las fábricas (y que continuará en los años por venir), y que afectaba a empleos casi 100% mecánicos. Los empleos de los que hablan los investigadores de Oxford pasan por los periodistas, los asesores financieros, los abogados, los médicos e incluso, sí señor, los profesores. 

La conclusión (previsible sólo hasta cierto punto) es que probablemente no haya razones para pensar tan a pies juntillas que la mitad del mundo estará desempleado en diez años, pero (y esto es lo más importante) definitivamente muchos de esos empleos que hoy consideramos estables y más o menos seguros exigirán de nosotros una transformación que pocos profesionales se están tomando en serio. Sobre todo en América Latina, dice Oppenheimer, seguimos confiados en que el "toque humano" nunca pasará de moda sin darnos cuenta de que en el día a día incluso esos "humanistas" prefieren usar máquinas o apps que de hecho ya retiraron a una o varias personas del mercado laboral (v.g. las máquinas que cobran el estacionamiento o las apps que nos evitan hacer fila en el banco).

Aunque por momentos la prosa de Oppenheimer es reiterativa, esta lectura vale la pena para asomarse a un mundo probable y desconcertante en el que será muy complicado encontrar empleo. La competencia ya no serán nuestros compañeros humanos, sino los robots y computadoras que hasta hace poco eran simples herramientas. La evidencia nos muestra que muy pronto harán casi todo. Y lo harán bien.    
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¡Sálvese quien pueda!, de Andrés Oppenheimer, está editado por Debate. La versión impresa cuesta $349, la digital $169. 

jueves, mayo 31, 2018

La precariedad y el hartazgo

Genoveva Flores, profesora del Tec de Monterrey Campus Estado de México, reflexiona sobre las razones del ascenso de López Obrador en las encuestas más recientes. 

Delfina Gómez, a quien se refiere la profesora Flores en este texto, fue candidata de Morena al gobierno del Estado de México en 2017. Ahora es candidata al Senado. 

A todos los que se preguntan desde un lugar ominoso ¿por qué las tendencias de voto favorecen a AMLO? quiero darles una respuesta y para comenzar decirles que no me gusta el candidato puntero.

En México hay más de 40 millones de personas en condición de pobreza. La gran mayoría vive en los cinturones de miseria de las ciudades. Si vienes al Edomex sólo tienes que voltear a ver el Cerro del Chiquihuite y otros de la Sierra de Guadalupe, para, a lo lejos, ver la precariedad. Si vas por el circuito exterior mexiquense desde que sales de la autopista de Querétaro y hasta Ixtapaluca, puedes ver a tu derecha y a tu izquierda kilómetros y kilómetros de colonias y unidades habitacionales deterioradas, donde viven algunos de esos millones.

Los presupuestos de esos municipios acabaron en los bolsillos de la clase política mexiquense en el sexenio de Eruviel, en el del papá del Del Mazo... en el de todos los que vinieron de Atlacomulco.

Para derrotar a Delfina en las elecciones pasadas fue menester gastar dinero a carretadas para la compra de votos y aún así les costó mucho trabajo hacer este fraude, que para quienes enseñamos ciudadanía fue un delito mayor.

¿Qué les dijo a las miserables del Estado de México una profesora que no se expresaba correctamente, que no tenía estilo? Les dijo algo muy, muy importante, les dijo que una mujer que toma el camino de la movilidad social que permite la educación, puede tener una vida honrada y acceder al espacio público. Trascender a través de una labor importante: ser profesora. Eso es verse en un sueño, eso es tener esperanza cuando todo tu entorno te dice, por la vía de un atraco de policías, por un despido, por tu calle llena de baches, de basura y de pandilleros que son los hijos de tus vecinos: "Eres la basura social".

La disparidad social se acrecentó con el modelo neoliberal, se perdieron la década de los 80 y 90. Y llegó una nueva generación que no tuvo nada, nada. Los que crecimos en los 70 todavía tuvimos calles tranquilas, escuelas públicas con calidad. Nos defendimos con nuestras carreras en la UNAM.

Ese México ya no existe, la promesa de la redistribución del sistema republicano es papel mojado, la profundización de la disparidad social que generaron empresarios como los que ahora se pronuncian en el espacio público, es real. Es la piel de nuestro México. Cómo me gustaría que se conociera generalizadamente lo que hace un empresariado mucho más socialmente responsable, como el alemán, como los franceses, como los canadienses en su país. Aquí sólo por excepción tenemos hombres y mujeres corresponsables.

El escenario político actual lo hemos creado todos al no aceptar que somos corresponsables de la pobreza.

El discurso populista germina porque la base de la pirámide social es un resumidero de lo peor de nuestra política y de nuestra economía, y también de haber volteado hacia otra parte.

martes, mayo 22, 2018

Los niños no están bien



Si viven cerca de o con adolescentes varones seguramente saben que el mayor insulto que puede recibir su hijo/alumno es que le digan que hace cualquier cosa (hablar, caminar, patear un balón, etc.) "como niña"; saben también que ante ese insulto el niño debe reaccionar violentamente para demostrar que no es, de ninguna manera, "una niña"; han visto a su hijo/alumno retener el llanto hasta que se encuentra solo; y saben que las pedas son el único momento en el que sus hijos/alumnos están socialmente autorizados a mostrar afecto a amigos del mismo sexo (a quienes abrazan, besan y dicen lo mucho que quieren). 
The Mask You Live In muestra lo que es una verdad evidente para cualquier persona que viva cerca de o con adolescentes: la sociedad en la que vivimos ha construido un molde muy rígido y muy injusto para definir la masculinidad. Un molde basado en tres principios: el niño o adolescente debe 1) destacar en algún deporte (o por lo menos "estar mamado", aunque no practique ninguno), 2) asumir que su éxito se mide por la cantidad de dinero que tiene y 3) ser un Don Juan (tomar a la mujer como presa de caza, y acumular "trofeos" que acrediten su masculinidad).
"Ser hombre" con base en las ideas anteriores genera individuos inseguros, cerrados en sí mismos, incapaces de mostrar emociones que no denoten agresividad y violencia, imposibilitados para construir relaciones estables. 
Y la responsabilidad de esta construcción social somos todos. La crisis de género no termina con la adolescencia, y su atención no corresponde exclusivamente a los padres y profesores: las mujeres que rodean a estos chicos juegan un papel muy importante al momento de reforzar el modelo (aceptándolo sin cuestionarlo como algo "normal" y que no puede cambiarse).
Me vi reflejado en este documental: como niño, como adolescente y como profesor. Creo que indistintamente de su género y edad― pueden encontrar en él el retrato de alguien que conocen o son. Alguien que necesita saber que la idea de "hombre" que rige su vida puede ser diferente. Y mucho mejor. 
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The Mask You Live In, de Jennifer Siebel (2015), está disponible en Netflix. 


lunes, mayo 14, 2018

Tres libros para enseñar mejor


Aprovecho la llegada del Día del Maestro para recomendarles tres lecturas que han marcado una diferencia notable en mi forma de asumir la actividad a la que desde hace once años dedico mi vida: la educación. Si son padres y/o profesores les aseguro que estas obras les abrirán caminos a destinos desconocidos, pero que necesitan conocer.  
Lecciones de los maestros, de George Steiner (2004)
George Steiner (París, 1929), legendario profesor de literatura comparada y uno de los intelectuales más importantes del último medio siglo hace un recorrido de lo que significa ser maestro desde Sócrates hasta nuestros días, pasando por Jesús, Dante, Nietzsche y la tradición confucianista. ¿Por qué un profesor decide serlo? Y, como alumno, ¿qué sentido tiene asistir a clases en la era Google y Wikipedia? Responde el profesor Steiner: “Ningún medio mecánico, por expedito que sea; ningún materialismo, por triunfante que sea, pueden erradicar el amanecer que experimentamos cuando hemos comprendido a un Maestro. Esta alegría no logra en modo alguno aliviar la muerte. Pero nos hace enfurecernos por el desperdicio que supone porque llega un momento, siempre inevitable, en el que ya no hay tiempo para otra clase”.
Este libro me fue recomendado por Eduardo Díaz, alumno de la primera generación a la que di clases. Desde entonces he leído mucho sobre pedagogía, pero nada con la densidad filosófica desde la que Steiner aborda el tema.
Crear o morir, de Andrés Oppenheimer (2014)
No es precisamente un libro sobre educación, sino sobre innovación. Fue el primero que me puso clara la triste y enfadosa realidad de que en nuestro sistema educativo aniquilamos el sentido de riesgo que implica aprender en serio. Con este libro me di cuenta de lo acostrumbrados que estamos a “formar alumnos” para pasar pruebas que muy poco tienen qué ver con la vida real y cómo los condenamos a la mediocridad al convertirlos en timoratos que buscan certeza y estabilidad prácticamente sin haber vivido. Nos llenamos la boca cacareando las personalidades de Jobs, Gates, Zuckerberg y Branson… pero a la hora buena los formamos con el molde del Godín bien remunerado.
Este libro me lo recomendó también un exalumno, Diego Lara, una tarde que acudió a mi oficina para relatarme una crisis vocacional que atravesaba entonces. “Siento que no estoy aprendiendo nada en la universidad, que estoy perdiendo el tiempo”, me dijo. Leí el libro y lo entendí perfectamente.
Los bárbaros, de Alessandro Baricco (2009)
Este libro llegó a mis manos gracias a mi colega Claudia Magos. En él, Baricco analiza con muy altos vuelos literarios la brecha abierta entre jóvenes y adultos. Habla de la facilidad con la que los segundos calificamos a los primeros despectivamente (de “bárbaros”, en su acepción de "incivilizados", poco menos que salvajes). Pero sobre todo habla de lo mucho que perdemos cuando nos conformamos con esas etiquetas fáciles. Cuando escribió el libro, Baricco rebasaba ya la cincuentena, pero no se conformó con el cliché fácil de cargar contra la generación de Snapchat e Instagram. En vez de eso, intentó algo más digno de un profesor y padre inteligente (y bastante más difícil): comprenderlos. Su texto no concluye con la certeza falsa de "entender a los jóvenes", sino con la valiosa invitación a intentar hacerlo. Es un ensayo brillante y, desde mi perspectiva, nitroglicerina pura para muchas ideas dañinas pero muy cómodas que siguen vivitas y coleando entre profesores y padres de familia.  

lunes, mayo 07, 2018

Lo que todo gran profesor sabe


Esto es lo que todo gran profesor de hoy día ya sabe:

  • Que no es necesario "cubrir" todo el temario, ni siquiera cumplir con todos los estándares de aprendizaje por igual. Saben priorizar y relativizar la importancia: algunas cosas requerirán dos semanas, y otras, dos frases.
  • Que no es necesario perder el tiempo dando la misma lección a toda una clase al mismo tiempo. Son capaces de encontrar la manera de que cada alumno esté haciendo una cosa diferente y apropiada.
  • Que tienen que recurrir a la tecnología para conseguirlo. Los mejores profesores lo llevan al máximo y dejan que los alumnos trabajen los detalles ellos solos, haciendo lo que más les gusta al tiempo que se aseguran de que todo el mundo entiende bien todo. 
  • Que obtienen mejores resultados de los alumnos cuando los desafían y les piden que los sorprendan.

Los mejores profesores son conscientes de que tienen que incluir en su forma de enseñar un gran número de destrezas que son imprescindibles para triunfar en el futuro y que no están incluidas en los planes de estudio actuales.

Todos los grandes profesores que conozco piensan constantemente en esas destrezas y buscan cómo contribuir a que los alumnos las adquieran. Pero no les vendría mal un poco más de ayuda. Tenemos que brindárselas. Una de las mejores maneras de ayudar sería borrar casi todo lo que forma el plan de estudios actual y asegurarnos de que los alumnos comprenden lo esencial, algo que ocurre muy rara vez.

En esto consiste el cambio del papel de los profesores en la era de la tecnología: en pasar de ofrecer y explicar contenidos a proporcionar las destrezas humanas que las máquinas no pueden proporcionar, entre las que se incluyen el respeto, la empatía, la motivación y el fomento de las pasiones de los alumnos. 

Mark Prensky en El mundo necesita un nuevo currículo (SM de Ediciones, 2017).   

domingo, abril 15, 2018

Descubriendo a Neil Gaiman



Neil Gaiman es uno de esos autores de los que he escuchado mucho, pero sé muy poco. Sé que es autor de una novela gráfica muy celebrada (The Sandman), también creador de novelas infantiles muy exitosas (Coraline) y de otras obras para adultos también muy bien tratadas por público y crítica (American Gods, en la que está basada la serie de Amazon).  

Este es, sin embargo, el primer libro que leo de él. Fue mi intento de acercarme no sólo a este célebre autor inglés, sino también a la mitología nórdica. 

El resultado fue bueno. Lo que nos ofrece Gaiman es una revisita a la mitología nórdica (que, nos cuenta, le fascina desde niño) que obtuvo de diversas fuentes. "Estuve trabajando mucho tiempo con numerosas traducciones de la Edda en prosa, de Snorri Sturludson, y de los versos de la Edda poética --palabras de hace más de novecientos años--, para decidir qué historias quería contar y cómo narrarlas, y combinar diferentes versiones de los mitos en prosa y en verso". 

No son estos mitos, desde luego, invenciones de Gaiman, sino reversiones suyas, pensadas para un público no conocedor. Conocemos así algunos detalles de la camarilla de dioses encabezados por Odín que, pese a su propensión a la voluptuosidad asumió desde el principio que la sabiduría no llega sin sacrificio (en su caso, el de un ojo). Están, desde luego, Loki y Thor (que se parece poco al de las películas de Marvel) y el lobo Fenrir y su protector Tyr (una de las historias más conmovedoras que he leído recientemente), y la explicación de por qué los salmones nadan contra corriente (ese Loki era un loquillo). 

Disfruté mucho esta lectura, por el doble hecho (ya mencionado) de que me acercó a un autor del que seguramente leeré más, y a una cultura que asumo lejana y estrafalaria, violenta y desconcertante. Adjetivos todos muy positivos cuando se habla de mitos y leyendas.   
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Mitos nórdicos, de Neil Gaiman, está editado bajo el sello editorial DESTINO. La edición impresa cuesta $248 (Gandhi); la digital $189 (Amazon Kindle).