domingo, junio 14, 2020

Pequeños fuegos por todas partes



Una madre soltera y su hija llegan a un fraccionamiento de clase media alta en Estados Unidos. Llevan todas sus pertenencias en un auto destartalado. Son recibidas por su nueva casera, que ha decidido rentarles el espacio a precio reducido como un acto de caridad, dado que es evidente que no podrían pagar esa vivienda. La madre soltera se llama Mia (Kerry Washington). Su hija, Pearl. Las dos son negras. Su benefactora es Elena (Reese Witherspoon), que vive en el mismo fraccionamiento, pero en una casa mucho más grande y con una familia a todas luces perfecta (su esposo e hijos son también blancos y guapitos de postal, aparte de exitosos). En medio de todo esto, y sin conexión aparente, está la historia de una bebé china adoptada por una vecina del fraccionamiento. 

Así empieza Pequeños fuegos por todas partes (Little Fires Everywhere) una miniserie recientemente estrenada en Amazon Prime, que toma como base la novela del mismo título escrita por Celeste Ng y que está llamada a ser una de las mejores series del año.

Conforme se desarrolla la trama, descubrimos más de las dos familias que vimos al principio. Nada es lo que parece. Mia no es solamente esa madre luchona a la que le cuesta llegar a la quincena; su hija, Pearl, no está tan orgullosa de la vida de esfuerzo que su madre le ha dado. Del otro lado, Elena está misteriosamente obsesionada por la adopción de la bebé china y su esposo e hijos muestran que no son los rubitos perfectos de las postales que Elena envía en diciembre a todos sus conocidos.

Sobrevolando la vida de todos estos personajes (y a veces clavando sobre ellos sus dientes sin misericordia) se encuentra la cuestión de la maternidad. ¿Por qué las mujeres deciden tener hijos? ¿Realmente lo deciden? ¿O es, en el mejor de los casos, una de esas acciones que la sociedad les impone para confirmarse como mujeres? ¿Qué decir de los casos en que la maternidad es un "accidente de la vida" que no se prevé pero se asume, aunque eso trastoque de manera definitiva el resto de sus vidas (y no siempre de manera positiva)? Luego, claro, están los hijos y su crianza. ¿Hasta qué punto las madres están dispuestas a aceptar y respetar hijos que cuando crecen no son "lo que se espera de ellos"? ¿Qué tan cierto (y justo) es ese dogma de la maternidad que afirma que una madre quiere a sus hijos "como sean"? 

Y quizá éste es el punto más fuerte de la serie: es muy, muy, MUY femenina (y feminista, diría). Las productoras son las mismas actrices que la protagonizan. La novela en la que está basada fue escrita por una mujer. Y de los ocho episodios que la integran seis fueron escritos y dirigidos por mujeres. No queda sino celebrar que estas preguntas sobre la maternidad las hagan mujeres, para variar. Y que lo hagan con un producto de factura impecable y sin concesiones sensibleras. Corran a ver Pequeños fuegos por todas partes. No es para nada cómoda, pero es sin duda indispensable. 

No hay comentarios.: