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miércoles, septiembre 09, 2015

“Narcos”, inesperadamente buena

Por Emilio Lebrija


La historia nos ha brindado de vez en cuando, un par de veces al siglo a lo mucho, a personas que rompen con estándares establecidos. Siempre que instauramos un límite, un récord, un máximo, llega un talentoso o un suertudo que lo rompe, y eso es lo que nos hace humanos, lo que nos hace más que solo animales: esas ganas de superarnos.
Superarnos no necesariamente implica algo bueno, pues hay millares de ejemplos de quienes recurren a la falta y al crimen, atropellando la justicia con tal de ser más, no obstante, ser bueno haciendo algo malo tampoco es fácil, mucho menos ser el mejor. No hay mejor ejemplo que Pablo Escobar. De chalán a patrón, de pobre a rico, de don nadie a capo.
Hacer una película de Escobar me parecía algo bastante complicado y un reto engorroso, así que cuando escuché de la grabación de una serie no esperaba mucho, su éxito me parecía algo improbable, absurdo e inverosímil…
Insospechada,  y para algunos de la nada, llegó la serie Narcos a Netflix, con promesas de ser una de esas que nos dejan con ganas de más. A diferencia de otras grandes como House of Cards, Breaking Bad y hasta Prison Break, Narcos es una historia verdadera, una historia nuestra, una historia latina.
La serie consta de 10 capítulos y trata de la vida y trabajo de Pablo Emilio Escobar Gaviria, máximo jefe del cártel de Medellín y pionero de la exportación de cocaína a Miami.
Chris Brancato, creador y escritor de la serie, junto con los directores de la misma, crean una atmósfera impresionantemente real; la combinación de lo visual, la música, los diálogos y las extraordinarias actuaciones hacen que uno como espectador se sienta en Colombia.
Las actuaciones son espectaculares, especialmente la de Wagner Moura (Pablo Escobar), el cual parece haber nacido para el papel, interpretando de manera exquisita a Pablo: desde la forma de mover el bigote hasta la manera de caminar, es claro que Moura estudió su papel exhaustivamente.
La serie cuenta con detalles que me parecen realmente deliciosos (y miren que se los dice alguien que por lo general es muy crítico de series como esta), como el hecho de que el narrador sea también un personaje vital para la serie: Steve Murphy, (interpretado por Boyd Holbrook) el cual trabaja para la DEA y por consiguiente habla desde un punto de vista muy “gringo”.
Los directores crean algo muy placentero para la vista; tienen la genialidad de darle vida al entorno con tomas muy complejas. Por ejemplo cuando los agentes de la DEA persiguen a unos sicarios de Escobar: la toma empieza fija en el piso, va subiendo y avanzando por los techos de algún pueblo colombiano, dejándonos ver el ambiente y a la gente aunque aparentemente no estén implicados en la historia. La escena acaba con una toma panorámica que deja ver a los dos agentes en lugares distintos, es realmente impactante. Sin embargo, Narcos no es apta para todas las sensibilidades… Una historia como la de Pablo Escobar no puede ser contada con restricciones. Ni Brancato ni los directores se andan a medias; no se reservan nada, muestran gráficamente tortura, muerte y sexo, pero misteriosamente con todo muy bien acomodado, con una inesperada sutileza.
Narcos no es abrasiva, no es de esas series que a huevo te quieren hacer pensar en algo o simpatizar con alguien. No, Narcos, con todo y que se trate del cabrón de Escobar, cuenta la historia desde muchos puntos de vista: el colombiano de la mano del presidente Cesar Gaviria; el gringo a través de Steve Murphy, la DEA y la CIA y el narco, mediante Escobar, su familia y sus seguidores.
La serie está acompañada de tomas reales de Escobar y es tan apegada a la historia que por momentos crea la sensación de ser un documental, no una serie. No podría estar mejor asesorada históricamente: los acontecimientos coinciden perfectamente con lo que en verdad pasó, al igual que los nombres, los apodos y los lugares.
Pocas veces me he clavado tanto con una serie. El hecho de que esté basada en acontecimientos reales la hace aun más rica y compleja. Narcos es un trabajo asombroso, llevándonos de la mano de Escobar por su vida en tan solo 10 capítulos, sin eludir eventos importantes. Espero ansiosamente la siguiente temporada como un fresco “fan” de Brancato, de Moura, y de su estupendo trabajo.

viernes, mayo 22, 2015

Vine, vi y voté



Por Laura Pezina Cázares

Imagina que estás en una carrera, y es vital para tu familia que ganes. Ya cerca del final te das cuenta de que otros han tomado la delantera porque tienen apoyo adicional (qué se yo: instrumentos, patrocinios, mejores condiciones en la pista) y de pronto uno de esos competidores voltea y te ofrece que corran juntos porque tiene mejor posición (o, metafóricamente, mejor condición física)... Sabes que llegar a la meta es vital para tu familia. ¿Qué harías? ¿Te arriesgabas con ése que quiere que te unas a él para ganarle a los demás? ¿O te quedarías solo a echarle todas las ganas?

Si se tratara de mi gente, seguro yo tomaba la decisión de unir fuerzas. Que es cuestionable quién me echa la mano o con quién alcanzo a hacer equipo, es cuestionable. Que es una opción para hacer lo que pueda por mi gente, lo es, y la tomo. 

Algunos alumnos (o ex-alumnos) podrán votar por primera vez el 7 de junio, y de pronto se escuchan apáticos o desesperanzados. Quiero decirles que votar por convicción puede dar la sorpresa. Votar por quien quieres, sin importar las tendencias o lo que dicen los medios (de comunicación o en nuestros círculos) es lo más gratificante que puede haber.

La primera elección en la que ejercí mi voto fue cuando Natividad contendía por el PRI y Canales por el PAN... Y aunque muchos me decían que siempre era lo mismo (me tocó la derrota de Canales allá en los '80), que el voto no funcionaba, que el PRI siempre ganaba, voté por convicción: el resultado fue, aunque suene romántico, esperanzador. Creí en el poder del voto.

No sé quién vaya a ganar, ni por quién vayan a votar. Sólo, por favor, voten. Que si alguien queda en el poder que sea porque genuinamente votaron (votamos) por él (si ese voto fue comprado, condicionado o coercionado, está más allá de nuestras posibilidades de resolución). Y será una manera de demostrar que el voto cuenta, y será misión de todos que cada vez seamos más los informados y preocupados por quiénes nos gobiernan. Que nos quede claro que ya no debe ser cosa de partidos, es cosa de las competencias que el candidato debe tener para gobernar, y de lo que su gabinete es capaz de hacer.

Si revisan las páginas de los candidatos a gobernador, ninguno tiene un plan de trabajo qué ofrecernos. Sólo frases y lugares comunes, videos bien planeados: tanto, que a veces llegan a la manipulación. ¿Entonces votaremos por simpatía o antipatía? Si no tienen planes concretos, vayámonos las evidencias y las competencias; revisemos los currículos, logros, pros y contras. ¿Cómo se han desenvuelto bajo presión cada uno de los candidatos? ¿Qué resultados dieron a los municipios que han gobernado? ¿Qué gente traen con ellos?

Por amor a Nuevo León, voten. No anulen, e inviten a votar. Que por cada foto que un pulgar con tinta indeleble contemos un voto pensado y un ciudadano que propició el voto entre sus familiares y amigos.

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La autora es Directora de Español de la Prepa Tec Valle Alto en Monterrey y Coordinadora de Literatura del Bachillerato Internacional en el mismo plantel.