martes, febrero 08, 2005

'Pare de sufrir' (2a. parte)

T dice que él nunca cerró los ojos y que vio que la mujer empezó a escupir. El predicador (siempre micrófono en mano y conduciendo la oración) se acercó a la mujer, le tomó la cabeza, y empezó a gritar con su acentazo portugués: “Zhal, Zhal”. Mientras, el de la camisa azul recibió el micrófono y dio el diagnóstico: a esta mujer le han hecho brujería, le han encendido veladoras, la están trabajando... Sonaba como al cubano que pasaba sus cápsulas por radio hace unos años, curando los males de la gente a través de las cartas que le escribían. Luego de varios gritos y, a decir de T, escupitajos, llegó un último y apoteósico “ZHAAAL!”, el predicador pidió que rompiéramos las cadenas, pudimos abrir los ojos y aplaudimos. “Písenlas, destrúyanlas”. Las cadenas en el piso. El predicador preguntó si alguien que hubiera entrado a la iglesia con algún dolor ahora se sentía mejor. Varias personas, como 10 ó 20, levantaron la mano y dijeron que sí. A una le dolía un brazo, a otro las plantas de los pies. Todos curados. Una mujer dijo que todavía le dolían los ovarios (¡?). En serio. El predicador la pasó al centro del círculo y repitió el rito del “Zhal”, no sin antes advertir que si era un fraude ella no quedaría curada, pero que si Dios estaba allí, entonces el dolor se iría. Claro que el dolor se fue. Por primera vez en la misa el predicador tomó la Biblia. Leyó no más de tres líneas y lanzó una perorata sobre el Judas que todos llevamos dentro. Anunció que la próxima semana llevaría a cabo un rito especial que consistiría en darnos pan mojado en vino como alusión al que Jesús dio a Judas durante la última cena para señalarlo como traidor. Luego trató de ser simpático y relacionar la doctrina con la vida cotidiana: “¿Cuántas veces una persona que parece amable se acerca a la casa y dice ‘qué bonita planta’ y la planta”... “¡se marchita!”, gritó una mujer. “¡Se marchita, la planta se marchitaaa!”, continuó el predicador ideando ejemplos que nos dejen claro lo cerca que está el Demonio de nosotros.
Pasamos a nuestros lugares. El predicador volvió a hablar de diezmos. Dijo que el dinero que dábamos no era para él, sino para la obra de Dios. Que sólo la luz del teatro cuesta 30 mil pesos al mes. Que la iglesia abre en horario de Seven Eleven para quien lo necesite; que hay que pagar rentas y programas de televisión. Que para ellos no hay vacaciones. Y solicitó entonces donativos con cifra específica. “¿Quién puede hacer un donativo de 1000, 500 o 200 pesos?” Nadie se levantó. “¿Quién puede dar uno de más de 100 pesos?” Creo que una persona. El predicador ya no se veía tan alegre. Parecía una misa floja en recaudación. Finalmente, resignado, inquirió: “¿Quién puede hacer un donativo de 100, 50 ó 20 pesos?” Varias personas se levantaron. Casi a fuerza dijo: “Cualquier moneda es buena para la obra del Señor” y, entonces sí, casi todos al frente con sus donativos.
Todos en sus lugares y el anuncio de un nuevo rito la próxima semana. Pidió que nos bañáramos con el mismo jabón durante toda la semana y que a la misa lleváramos ese jabón. Hizo un mal chiste sobre la gente que sólo se baña los sábados y que ahora debería sacrificarse para bañarse todos los días. Y un preview del sermón del día siguiente: hablaré de las dos muertes: "¿Saben que no hay una, sino dos muertes? Mañana hablaré sobre eso". Dudo que su manejo del suspense hiciera mella entre los presentes pero, en ámbitos de Fe, a saber. Una oración final, en la que pidió que levantáramos al cielo todas nuestras pertenencias, para bendecirlas. Mujeres levantaron sus bolsos, muchos más fotos de sus seres queridos. Yo sólo llevaba mi edición sabatina de El País, que desde ese día es bendita.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

VAYA CATARSIS , Y VAYA AVENTURA ... A MI ME HUBIESEN DADO GANAS DE REGRESAR Y SEGUIR ANALIZANDO A FONDO TODO SU RITUAL Y SU NEGOCIO, PERO LO SE, NO VALE LA PENA.

ES LAMENTABLE QUE SE SIGA JUGANDO DE TAL FORMA CON LA FE Y CON EL ALMA DE LA GENTE.
MUY BUENA CRONICA, GRACIAS.

Pepe González dijo...

Yo creo que SÍ vale la pena regresar, pero en un plan de investigación más seria, o para entrarle a la religión como afiliado-militante. Y nosotros sólo fuimos por curiosidad. El caso es que parece que TODAS las religiones lucran con la Fe. Por eso para mí Dios, como decía Mailer, es un lujo que no me permito. Saludos.

Anónimo dijo...

DIOS NO ES SINONIMO DE RELIGION, EL PENSAR QUE NO HAY ALGO SUPERIOR A NOSOTROS ES MUY SOBERBIO, TODOS LLEVAMOS A DIOS DENTRO DE NOSOTROS NOS GUSTE O NO.

DIOS COMO SE QUIERA VER /EJ. ENERGIA, AMOR.

DIOS NO ES UN LUJO, ES "CANASTA BASICA".