lunes, julio 30, 2012

Palabra de Hitch


Una de mis lecturas de verano está siendo Hitch-22, el libro de memorias del recientemente fallecido filósofo Christopher Hitchens, quien me abrió las puertas al ateísmo hace algunos años. De ese libro extraigo algunos consejos que dedica Hitch a sus jóvenes lectores, en atención a su (dicen) bien ganada fama de bebedor social:

No bebas con el estómago vacío: el principal sentido del refrigerio es realzar la comida. No bebas si estás deprimido: es una mala cura. Bebe cuando estés de buen humor. El alcohol barato sale caro. No es cierto que no debas beber solo: pueden ser las copas más felices que tomes nunca. Las resacas son otra mala señal, y no deberías esperar que te crean si te refugias diciendo que no recuerdas lo que pasó la noche anterior. (Si de verdad no lo recuerdas, es una señal todavía peor.) Evita todos los narcóticos: te harán más aburrido en vez de menos y no están pensados --como la uva y el grano-- para animar a la compañía. Ten cuidado a la hora de ascender demasiado hacia el escocés de malta: cuando viajes por países duros no será fácil conseguirlo. Ni se te ocurra conducir si has tomado una gota. Es mucho peor ver a una mujer borracha que a un hombre: no sé por qué es cierto, pero lo es. Nunca seas responsable de ello. 

Christopher Hitchens, Hitch-22

domingo, febrero 12, 2012

Avistando el iceberg "Bolaño"


Hace algunos años intenté leer sin éxito Los detectives salvajes. Hace algunas semanas, con ánimo de revancha y buscando material que resultara novedoso para mis alumnos de último semestre, decidí leer Putas asesinas

El libro me ha descubierto a un escritor inteligente, sensible y audaz, que vale la pena leer. Pero también me ha revelado a un autor que a veces se esfuerza demasiado por decir algo callándolo o, en el peor de los casos, por no decir nada escribiendo mucho. Habiendo leído el libro y varias entrevistas a Bolaño, descarto la segunda opción: Bolaño era demasiado bueno como para intentar decir nada. Prefiero atribuir esa incomprensión a mi falta de pericia como lector. Quedamos, entonces, en que el escritor chileno invita a sus lectores a jugar teniendo en mente la Teoría del Iceberg de Hemingway: tan importante es lo que se dice como lo que no se dice. 

En ocasiones el reto es delicioso (caso del relato que da título al libro, uno de los mejores que he leído en tiempos recientes) pero en otras la morosidad es francamente cargante (ejemplo: "Fotos"). Al final el balance es positivo. Nos encontramos ante un escritor que exige de nosotros cultura y creatividad; que no nos imagina apoltronados en un sillón esperando cómodamente la resolución del conflicto; que sabe que el valor de su literatura no está en las respuestas que ofrece sino en las preguntas que plantea. 

Me ha gustado mucho. Aunque también me ha cansado. Creo que mi siguiente lectura será una novela de misterio. Y no estoy hablando de Los detectives salvajes. No todavía. 

sábado, febrero 11, 2012

El mismo, pero no igual


Aquí tenemos al Sherlock Holmes modernizado. No se trata de las películas protagonizadas por Downey Jr. (que tan bien tratadas han sido en este blog). Es un logro notable ése, pero un reto mayor significa ubicar al detective en el Londres del siglo XXI. Un Sherlock con smartphone, un Watson con blog; ambos en una ciudad ultramoderna, excitante y hermosa. El personaje sigue siendo entrañable: culto (sólo en los asuntos que le interesan, es decir, los que conciernen a su trabajo), soberbio al grado de lo detestable ("¿Qué hacen todos los que no son yo? Sus vidas deben ser taaan aburridas"). En dos palabras: complejo y fascinante. 

Sherlock es una serie con sólo tres episodios por temporada, así que en cada capítulo la BBC nos ofrece calidad de cine. Buen cine, desde luego. Nada sobra y todo está minuciosamente cuidado: desde el diseño de arte hasta la partitura de su banda sonora, pasando por las muy buenas actuaciones de los protagonistas Benedict Cumberbatch (Holmes) y Martin Freeman (Watson).

Si les gustan las historias de detectives en la figura de uno que está harto de la banalidad de su profesión (extraña a los criminales "de a deveras"); si quieren acción trepidante, pero inteligente (poca sangre, mucha materia gris) y desean una serie bien narrada y mejor producida, no dejen de ver Sherlock, que se antoja como una buena recomendación para los días bajo 10 grados que se aproximan.  

domingo, enero 08, 2012

Soy tu fan

Por fin me di tiempo de ver esta joyita de la televisión nacional: la primera temporada de Soy tu fan. Y, bueno, qué decirles. Afortunadamente no es novedad el hecho de que OnceTV México nos ofrezca productos de gran calidad (hace unos meses otra de sus series, XY, mereció varios elogios en este espacio) y esta serie no es la excepción.

A muy grandes rasgos, Soy tu fan es la historia de Charly (Ana Claudia Talancón) y Nico (Martín Altomaro). La primera recién salida de una relación muy conflictiva y el segundo flechado al parecer definitivamente cuando la encuentra a ella tristeando en un café. Así, la mesa está puesta para una serie de aciertos y desaciertos en las siempre insondables aguas del amor. No son las únicas relaciones que conocemos: también está la de un actor de telenovelas con su novia (simpático el guiño a RBD con todo y saquitos rojos), la de una mujer madura con un hombre joven y la de un par de "niños bien" que nomás no terminan de casarse...

Da gusto ver cómo está filmada: reconocer lugares, rincones, colores y gente de la hermosa ciudad que es la de México. Apreciar el cuidado en la ambientación, en el vestuario, en la selección musical... 

Los actores son solventes. Destacan, desde luego, los protagonistas, pero hacen gran trabajo otros como Oswaldo Benavides en el papel del patanazo ex novio de Charly (incomprensiblemente amado por ella) y Edwarda Gurrola como Vanesa, una cizañosa gordibuena que agrega mucha pimienta a los capítulos en los que aparece. 

No debe ser fácil filmar con esta calidad en México, mucho menos en la televisión pública; el hecho es que el producto final resulta casi impecable. El único "pero" que le pongo es el ritmo de la narración: me pareció sobremanera acelerado: ocurren demasiadas cosas en muy poco tiempo: como si los guionistas hubieran tenido prisa o les hubieran pedido que resolvieran rápido para mantener la atención del público. 

Un apunte final para que no se despisten: la serie no está pensada para adolescentes. Al principio yo pensé que sí, pero no. Las relaciones que en ella se muestran son de adultos. Jóvenes, sí, pero adultos. 

La recomendación es redonda. La primera temporada lleva un rato en DVD y la segunda, que me dicen supera con creces a su antecesora, está al aire desde octubre. 

miércoles, enero 04, 2012

Elemental, mi querido Sherlock


Cuando cursaba tercer o cuarto semestre de la universidad uno de mis compañeros decidió darse de baja de la carrera. Nuestra generación apenas rebasaba la docena de alumnos, de tal suerte que en las conversaciones posteriores su deserción fue un tema recurrente. En una de ellas un amigo mencionó que lo entendía porque aquel compañero, dijo, era "un hombre de acción". Sus palabras resonaron durante un buen rato en mis pensamientos, porque la conclusión lógica de ese argumento decía que nosotros, los que estudiábamos Letras, éramos entonces lo opuesto a un hombre de acción... lo cual no acababa de gustarme.

Recuerdo con mucho aprecio los libros que tienen como protagonista a Sherlock Holmes. En mis años de pubertad pasé muchas horas leyendo esos relatos que  durante algunos meses se convirtieron en algo cercano a una obsesión. De Holmes me gustaban no sólo su inteligencia y su cultura sino también (y creo que sobre todo) el hecho de que era precisamente eso: un hombre de acción. Buen boxeador, atleta competente, casi siempre acicalado pero nunca dispuesto a encasillarse en el personaje de un intelectual de sillón y pipa (aunque, claro, también lo era).

Por eso me gusta la fanquicia que desde 2009 inició Guy Ritchie: un director astuto pero sobre todo competente al filmar secuencias de acción (de él son las adrenalínicas Lock, Stock & Two Smoking Barrels y Snatch). En esta ocasión repite la dosis de la mano de dos actores brillantes (Robert Downey Jr. y Jude Law) y una notable banda sonora firmada por Hans Zimmer. 

Es posible que haya leído todos los relatos de Sherlock Holmes y reconozco que son muchas (demasiadas, dirán los puristas) las licencias que se toma Ritchie para dotar de actualidad a un personaje clavado en el siglo XIX. Nada qué reprochar: esa literatura, desde sus orígenes, fue hecha para entretener. Y Ritchie, en su adaptación cinematográfica de los textos, hace un trabajo loable en esa línea. Después de todo, si los arqueólogos tienen a Indiana Jones, nosotros tenemos a Sherlock Holmes...