miércoles, agosto 21, 2013

Empezar a leer


Una de las preguntas más difíciles de responder para cualquier lector más o menos avezado es ésta: ¿Cómo empezaste a leer? Me la han hecho varias veces y siempre respondo con un dejo de vergüenza. Supongo (quiero pensar que equivocadamente) que las personas que me hacen esa pregunta esperan por respuesta títulos como la Ilíada o autores de la talla de Cervantes. La verdad es mucho menos rimbombante. 

Ahora, sin el pudor que impone el bluff intelectual, puedo decir que siento una inmensa gratitud por publicaciones como Selecciones del Reader's Digest. Cuando tenía entre ocho y diez años de edad, pedía a mis papás que me la compraran en Sanborns. Recuerdo tratar cada ejemplar como sigo tratando muchos de mis libros. Estoy casi seguro de que la coleccionaba, pero no he encontrado ningún ejemplar de entonces.
Por la misma época encontré en la biblioteca familiar varios fascículos de la colección Joyas literarias juveniles, que ofrecía en forma de novela gráfica obras de Poe, Stevenson y London, entre muchos otros. La impresión era paupérrima y las ilustraciones tampoco eran buenas, pero a mi parecer los textos mantenían su esencia y me permitieron acercarme así a obras que disfruté con mucho placer años después.  
Creo que Mafalda fue en buena medida la razón por la que me acerqué a la radio, que se convertiría en parte fundamental de mi vida al inicio de mi carrera profesional. Siempre me sentí seducido por la imagen de Mafalda bailando al ritmo de Los Beatles o pronunciando alguna de sus punch-lines después de escuchar el noticiario. Releí hasta deshojarlos muchos de los volúmenes que entonces editaba Promexa.
Pero quizá los textos que más añoro de aquellos tiempos son los de la serie Elige tu propia aventura, editados por la catalana Timun Mas. Los descubrí gracias a mi mejor amigo y también vecino en aquel entonces, Jorge Pedro Uribe. Edward Packard (iniciador de la serie) era para nosotros poco menos que un genio. Desde entonces he encontrado en muy pocas ocasiones el inmenso placer que me producía una lectura que implicaba mi participación activa.

Leer es para mí un acto tan necesario y placentero como comer, beber o hacer el amor. Por eso cuando encuentro alumnos embebidos en sagas como las de Harry Potter, Crepúsculo o Los juegos del hambre no puedo sino esbozar una sonrisa y pensar que, probablemente, esos chicos han iniciado ya el largo camino que yo empecé con novelas gráficas y libros de aventuras. Estoy de acuerdo con Harold Bloom cuando dice que la lectura es un placer difícil, pero pienso que, sobre todo, es un placer. Ése es el mejor principio que puedo imaginar para un lector que inicia: que disfrute. Lo demás (la voluntad de enfrentarse a textos difíciles) tarda en llegar, pero llega. Y también es un placer.       

4 comentarios:

Anónimo dijo...

No es muy claro mi recuerdo, pero creo que los primeros libros que pedí prestados en la biblioteca de la escuela fueron de la serie "Elige tu propia aventura" gracias a tu recomendación. Un nostálgico y esperanzador texto Pepe, enhorabuena. JF

Pepe González M. dijo...

¡Muchas gracias, JF! Abrazo fuerte y fraternal (como siempre y desde entonces).

Anónimo dijo...

Coincido contigo en que mis inicios como lectora no fueron con los llamados clásicos, de hecho fue con un libro para aprender a jugar ajedrez, gracias a mi hermano mayor.
La biblioteca nos quedada, y queda, a unos pasos y él, desde que yo recuerdo, es lector apasionado.

Mi comida y tu blog son una buena combinación.

Norma

Pepe González M. dijo...

¡Muchas gracias, Norma! Abrazo.