jueves, mayo 05, 2005

La Casa de los Milagros

Hay lugares que lo definen a uno.
Ayer, cuando acordaba desayunar con una amiga en Coyoacán, ella se adelantó a mi sugerencia y me dijo: "Ah, la esquina de las cazuelas". No pensé ser tan predecible pero, sí, esa era mi propuesta.
En realidad el lugar lleva por nombre uno menos culinario y más metafísico (La esquina de los milagros), pero su especialidad son las cazuelas: huevos fritos o revueltos inmersos en salsa de tomate y aceite de olivo, crema y queso gratinado. La delicia se acompaña con un croissant caliente, café de máquina y jugo de naranja por aproximadamente 60 pesos (dependiendo del ingrediente que elijan para su cazuela: champiñones, salchicha vienesa y chorizo pamplona, entre otros).
Curioso, pero pese a que el lugar no es cómodo (las mesas son pequeñas e irremediablemente tambaleantes ante el desnivel del piso) y el servicio no es óptimo (adolescentes desenfadados con poco sentido del timing meseril), La esquina me sigue pareciendo recomendable. Su vista es agradable (el Jardín Centenario) y la comida, como les digo, es notable. Si llevan grata compañía (un amigo o un libro), el buen rato está asegurado. Varios de los lectores de este blog me han acompañado, y ninguno(a) ha reporchado la invitación.
Pruébenla y verán.
(La Casa de los Milagros, sita en Jardín Centenario 18, Col. El Carmen Coyoacán. Del lado opuesto al Sanborns, contraesquina de El Hijo del Cuervo).

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Curioso inicio en el blog. Cada vez que paso por ahí no puedo evitar acordarme de ti; es como si ese lugar formara parte esencial y resulta imposible no hacer el link.

En fin... hace mucho que no desayuno en ese luagr. A ver qué día.

Salud.

Marissa.

Pepe dijo...

Marissa: No sé si el lugar sea tanto como "parte esencial" (¿de mí?, ¿o a qué te referías?). Sólo sé que las cazuelas me encantan, y que la charla a la que (por lo menos a menos a mí) predispone el lugar, me cautiva. Ahora que, pensándolo un poco, creo que la buena comida, donde quiera que sea servida, siempre predispone a la buena plática. Por cierto, cuando quieras volvemos a agendar un desayuno ahí. ¡Saludos!