Siguiendo con los posts de cosas que no practico o de las que no estoy del todo convencido, me ha llegado esta invitación de una buena amiga para una meditación AUM el próximo sábado 21 de marzo a las 5 de la tarde en la Condesa.
Cibeles (Parigyan) me escribe que este tipo de meditación es activa y social. Ella misma estará dirigiéndola. Lo único que deben llevar es ropa cómoda y agua. La cita es en Amsterdam 171, primer piso. El costo es de 250 pesos. Si quieren más información, no duden llamarle: 044 55 13 21 73 31. También pueden checar el sitio web www.muktayoga.com.mx.
Ser carnívoro siempre me ha conflictuado. Poco, pero me ha conflictuado. No me he informado mucho, pero he vivido en el feliz estado de negación ignorante que dicta que los seres humanos somos carnívoros por naturaleza (por eso tenemos dientes caninos y molares), además de que las proteínas que nos proporciona la carne son indispensables para nuestra subsistencia, sin menoscabo de que los animales no sienten. En fin. Hace unos días me mandaron por correo la invitación para celebrar el Día Mundial Sin Carneel próximo 20 de marzo. La idea de una parrillada vegetariana no me causa ninguna emoción, pero les paso la noticia al costo por si les apetece aquello de sentirse mejores personas.
Hasta hace relativamente poco tiempo me habría dado pena escribir este post. Yo también fui víctima de la "enigma-manía" a principios de los '90. Recuerdo claramente la polémica causada por su primer disco (1990), que incluía un larguísimo track combinando cantos gregorianos con música electrónica y los gemidos de una mujer llegando al orgasmo. No sé si ése fue su mejor disco. A mí sólo me pareció curioso y hasta cierto punto provocador. Para bien y para mal, Enigma se convirtió para mí en sinónimo de "música que ponen en las clases de jazz las señoras del club".
En 1993 editaron su segundo disco. Me pareció epifánico. En plena pubertad escuché una canción ("Return to Innocence") que decía: "Don't be afraid to be weak / Don't be too proud to be strong." Aparte tenía fuerza, la canija canción, con una especie de grito tribal repitiéndose como karma... Ése fue el sencillo más popular, pero hubo otra canción de la cual no dudo afirmar que contribuyó en buena medida a definir mi vocación no-religiosa. Hablo de "Silent warrior", referida a la conquista europea de América. Me recuerdo escuchando mi Walk-Man a todo volumen en la oscuridad de mi habitación que en ese entonces tenía vista directa al Ajusco.
Les cuento todo esto porque la semana pasada me topé con el disco en un MixUp. Originalmente yo escuchaba a Enigma, hace más de 15 años, a través de cassettes que perdí hace años. Pienso que tenía no menos de 10 años sin escuchar ese disco completo. Ha sido una experiencia casi religiosa. Me recuerdo a los 13 años escuchando esa música, queriendo "regresar a la inocencia".
("Jack" y "Rose" 11 años después en Revolutionary Road)
Hablamos de Revolutionary Road, en español Sólo un sueño, estrenada el viernes en cines mexicanos. Es tan buena que incomoda. Uno sale de la sala con muchas preguntas, y muy pocas respuestas.
La trama es realmente simple. Sigue la vida de Frank y April Wheeler, una pareja envidiable, al menos en apariencia. Son guapos, viven en una muy linda casa de los suburbios y tienen dos hijos. ¿Se puede pedir más? ¿Se debe?
Después de una fuerte discusión ella le propone a él mudarse a París. Empezar una nueva vida, una que realmente quieran, que los haga sentir felices, verdaderos. Él duda, pero acepta. Luego se retracta. Ella se desespera. Pleito. Es claro que él puede lidiar con la monotonía, con el buen sueldo a cambio de un trabajo que no lo estimula pero que tampoco lo hace infeliz. Ella no. No puede resignarse a la vida de ama de casa en los suburbios. No puede. Y no quiere.
Como en tragedia griega, el único que puede ver la verdad es un personaje que representa la ceguera, un outsider: en este caso uno salido de un manicomio que visita la casa perfecta de los Wheeler y les pregunta las razones del cambio de su decisión. Ella permanece en un perturbador silencio mientras Frank explica las razones: April está embarazada y a él le acaban de ofrecer un mejor puesto en la empresa donde trabaja. “Ah, el dinero. Esa es siempre una buena razón… pero casi nunca es la verdadera razón.” Pleitazo.
Es inevitable relacionar la nueva película de Sam Mendes (Belleza americana, Camino a la perdición) con el teatro de crueldad. Mendes mismo fue director de teatro y no debe desconocer obras como Las criadas, de Genet, en la que actos cotidianos, conversaciones comunes llevadas a cabo entre personajes aparentemente anodinos, revelan en muchas ocasiones los sentimientos más profundos de la naturaleza humana… y estos no siempre son gratos. La mayoría de las veces, de hecho, son desagradables y crueles.
He leído varias críticas sobre esta película y me sorprende el sesgo de negación que percibo en la mayoría de ellas. “Un estupendo retrato de la vida en pareja en los EU de los años ’50.” Es cierto: la película se ubica en 1955 y los Wheeler son estadounidenses. Pero lo que vemos en pantalla sigue ocurriendo. Y no sólo en los suburbios gringos.
Creo que a estas alturas huelga decir que la película me ha parecido estupenda y absolutamente recomendable. Las actuaciones son muy buenas (Winslet es notable); la adaptación de la novela, muy bien lograda; la dirección, sobria y precisa; el diseño de producción, inmejorable. No es una película cómoda. Pero... ¿eso importa?
Debo confesar que ayer tenía un déficit de sueño de algo así como tres horas; que fue un día agitado, también. Pero creo no exagerar al decir que mi somnolencia de anoche tuvo causas cinematográficas. Poco después de las 21.10 entré a una sala de cine a ver El curioso caso de Benjamin Button. Vi a Forrest Gump (incluida la línea efectista de la caja de chocolates, ahora variada a "You never know what's comin' for ya") y vi a Joe Black, con el mismo actor sorprendiéndose casi de las mismas "maravillas de la vida". Cabeceé. Muchos diálogos facilonamente profundos del tipo: "La vida se define por las oportunidades (pausa dramática)... incluso aquellas que dejas pasar". ¡Pffffffff! Dormí. Escena como de 20 minutos (o así me lo pareció) en la que se explica lo inevitable del destino: "si ella no hubiera regresado por las llaves... blabla... y la vecina no hubiera respondido esa llamada telefónica... blabla... dos segundos habrían sido la diferencia... blabla... el accidente...blabla". Salí de la sala pasada la medianoche (¡casi tres horas de Benjamin Button!), sobremanera decepcionado. Si esta película es realmente favorita a ganar el Oscar en cuatro semanas, se ratificará un bastante mal año para el cine estadounidense, que el año anterior premió una magnífica hechura de los Cohen (No country for old men) y ahora, quizá, tendrá que conformarse con las migajas del talento de un director que nos dio Seven y Fight Club y un par de actores notables que han hecho por lo menos media docena de películas mejores que ésta.