miércoles, mayo 13, 2009

Perder las llaves

Algunas personas no pueden creer que deje las llaves de mi camioneta en la camioneta cuando me bajo de ella (sólo en mi casa y en el trabajo, eh). Lo que yo no puedo creer es que esas personas no puedan creer por qué lo hago. Quizá este post los convenza.
Hoy tenía pensado ver el segundo tiempo del Pumas - Tecos (¡auch!) en mi casa comiendo palomitas nadando en salsa y limón (las palomitas). Salí de la oficina poco antes de las 8pm. No me sorprendí cuando me di cuenta de que había dejado las llaves de la camioneta adentro. Mi padre estaba viendo el partido y muy amablemente me sugirió, cuando le llamé pidiéndole rescatarme, que pidiera un taxi. "No te tardas más de media hora en venir por las llaves y regresar".
Tardé una hora y cuarto. A la mitad del camino de mi casa al trabajo me di cuenta de que había olvidado en casa (donde recogí las llaves) mi billetera. O sea que tuve que pedirle al taxista que regresara... El colmo es que creo que en el taxi dejé olvidado el cargador de mi computadora. Mi esperanza reside en otro olvido: que el cargador esté en mi oficina, contra mi voluntad, pero esperando la acción de mañana a primera hora.
Me encabrita ser tan distraído en estas cosas.

lunes, mayo 11, 2009

Mi pie izquierdo

Hace cuatro semanas. Casi madrugada de domingo a lunes. Estoy chateando y escuchando música. Bajo a revisar si mi ropa ya está seca. Para quienes no conocen mi casa, el camino implica descender una escalera en caracol sin barandal. Me dio flojera encender la luz (¿cómo es que dan flojera esas cosas?). Ocurre en el último escalón (que termina, hay que decirlo, frente a un inmenso cancel con el que afortunadamente no me topé). En el último escalón, decía, ocurre que se me dobla el pie izquierdo, cual plastilina. Acabo en el piso y ahogo un grito tremendo intentando no despertar a nadie (aunque el costalazo debió ser audible). ¿Resultado? Torcedura grave (así la califico) que me tuvo inmóvil casi todo el lunes y muy adolorido el resto de la semana. Todavía hace unos días, si apoyaba mal el pie, sentía una punzada de dolor.
El sábado. Salgo de la sala de TV de ver una película. Es temprano. Hay luz. Salgo de la habitación, digo, camino vigorosamente hacia la cocina. De pronto, sin que sea mi intención, pateo algo con el pie izquierdo. Era un enorme tronco hueco que mi madre ha considerado decoración perfecta. Esta vez no ahogo el grito... el grito me ahoga a mí, que acabo apenas balbuciendo un aaaarggggghhhh. ¿Resultado? Dedo medio del pie izquierdo azulcasimorado, inmovilizado. No aguanta ni el roce de las sábanas. El domingo (ayer) mis padres se espantan ante el color del dedo, que ha tornado en negro. Mi papá me da un par de pastillas. Me atiborro el dedo de Lonol.
Hoy amanecí con leve mejoría en cuanto al dolor, pero la coloración sigue siendo macabra. Jugué fútbol. Anoté tres goles. Uno de ellos con la zurda.

domingo, mayo 10, 2009

Los Lobos

Yo, en el Círulo Amarillo (¿?)

Pienso en dos riesgos mayores en una puesta en escena como Los Lobos, que se presenta en el Teatro Libanés. Primero, que con un reparto de actores tan notables (o, al menos, famosos) éstos se limiten a actuar de sí mismos. O sea, que no interpreten a su personaje, sino que pongan a su personaje al servicio de su personalidad. Segundo, que el texto (cargadísimo de tintes políticos) se convierta en un rosario de "denuncias" y guiños al público sobre temas y personas que todos conocemos, sin aportar un gramo de crítica real o información nueva.
Los dos riesgos corre esta puesta en escena, y de los dos sale mal librado. Así, Pedro Armendáriz no es el diputado Armando Rodríguez de la Peza (sino Pedro Armendáriz, con ese desparpajo tan vulgar y simpático de decenas de sus personajes anteriores), Víctor Trujillo no es el diputado Eduardo Muñoz (sino Víctor Trujillo, con las mismas gesticulaciones que nos regala cada semana en el NotiFiero) y Jesús Ochoa no es el coronel Bazán (sino... emmm... sí, Jesús Ochoa, con su vozarrón de Villa en Entre Pancho Villa y una mujer desnuda). No es que esto sea malo, pero la obra se antoja cómoda para los actores, que en realidad no actúan y, por lo tanto, entregan personajes planos, que no se desarrollan nunca. Aunque quizá de esto no sean ellos los únicos culpables.
Está el libreto: plagado de lo que un amigo llama "groserías de guión" ('pa que quede claro que los mexicanos hablamos así, y eso es bien chistoso) y dos o tres exabruptos sentimentales que no supe si lamentar o celebrar (uno incluso del tipo starwaresco: "Yo soy aquel que debió ser tu padre").
Por lo demás, la obra carga parejo contra priístas, panistas y perredistas. Pero de eso tenemos bastante todos los días en periódicos, programas de radio y televisión. Ya pasó el tiempo en el que resultaba novedad ver estas "denuncias" en teatro.
¿La obra es divertida? Sí. ¿Mueve a reflexión? También, sin excesos. ¿Vale lo que se paga por el boleto? No, si es tu primera opción. Hay cosas mejores en cartelera.
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Los Lobos
Original de Luis Agustoni; adaptación de Héctor Bonilla (también director). Con Pedro Armendáriz, Rafael Sánchez Navarro, Jesús Ochoa, Víctor Trujillo y Roberto D'Amico.
Teatro Libanés (Barranca del Muerto s/n)
Funciones viernes 20:30, sábados 18:30 y 20:30 y domingos 18:00 y 20:00.
Boletos: 350 ó 400 pesos

jueves, mayo 07, 2009

¡Tenía que ponerlo!

No lo vi ayer en vivo. Golazo de Iniesta en tiempo de compensación.

Liga de Campeones de la UEFA: próximo partido: ¡Finalísima! Barcelona vs Manchester United. Voy Barça.

Roma: 27 de mayo, 20:45 h.



miércoles, mayo 06, 2009

Oda al Sal-Lím

Hace años, muchos años, que no como uno de estos fragmentos de ambrosía en polvo.

Tengo en mis manos un sobrecito de Sal-Lím (pronúnciese salín).

1.5 gramos. Casi nada. Casi todo.

Si mi infancia y principio de adolescencia tuviera sabor, sería éste: sal, ácido cítrico y jugo de limón deshidratado. No más. Compraba estos sobrecitos por una pequeña fortuna a una señora (la recuerdo con una claridad que me espanta) que ponía los dulces sobre un pedazo de lona afuera de mi escuela, en la esquina que hacen Empresa y Patriotismo.

Cuando me iba bien, de una sola vez adquiría 10 sobres que metía en el bolsillo de mi suéter y degustaba en el transcurso de los siguientes minutos. Recuerdo haber asistido a muchos honores a la bandera de los lunes con uno de estos sobrecitos metido completo en la boca: no podía darme el lujo de abrirlo cuidadosamente y comerlo decentemente, con el riesgo de que el prefecto me descubriera, oh Dios, comiendo Sal-Lím mientras balbuceaba el "Selevantaenelmástilmibandera".

El Sal-Lím, junto con su hermano el Chi-Lím, fueron prohibidos por mi madre. Tan buenos eran. Claro que cuando quería premiarnos, a mi hermana o a mí nos colocaba sobre la cama algunos sobrecitos de la verde droga.

No puedo comer el Sal-Lím que mi hermana me regaló el fin de semana pasado. Estoy vestido. para dormir. No me he lavado las manos. Me encuentro vulgarmente recostado en mi cama. El momento no es propicio.

Tengo la boca hecha agua.