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miércoles, enero 15, 2020

¿Qué pasó en Torreón?

El pasado viernes 10 de enero hubo un tiroteo en el Colegio Cervantes de Torreón, Coahuila. Las primeras versiones de los hechos las dio a conocer el alcalde de la ciudad, Jorge Zermeño Infante, quien adelantó que el causante del tiroteo fue un niño de 11 años, estudiante del plantel educativo.
El alumno llevaba dos armas de fuego, las cuales usó para matar a su maestra, disparar a sus compañeros (hubo seis lesionados) y luego suicidarse.
Como sucede siempre en estos casos, las redes sociales fueron medios y testigos de una gran cantidad de comentarios y análisis de los hechos. Los más recurrentes, al menos con base en lo que yo pude leer, se referían a las declaraciones de Miguel Riquelme, gobernador de Coahuila, en el sentido de que un videojuego "pudo haber influido" al niño que realizó el ataque. El gobernador asumió eso después de enterarse de que el atacante había utilizado un atuendo imitando a Eric Harris, uno de los perpetradores de la masacre en Columbine en 1999, que a su vez llevaba una playera con el nombre de un videojuego llamado Natural Selection.
Personalmente no me sorprende ya, pero sí me sigue molestando muchísimo, la capacidad de nuestra sociedad para construirse respuestas fáciles que mantengan el status quo y "no le muevan" a lo que verdaderamente importa. Lamento a las multitudes que encuentran la tragedia de Torreón razones para criminalizar a los niños y adolescentes y vulnerar su derecho a la privacidad con revisiones de mochilas en escuelas que se pretenden seguras. Repudio también a quienes afirman desde una falsa superioridad moral que seguramente el niño de Torreón tenía problemas porque vivía con su abuela y no tenía a sus dos padres cerca (como si la "vacuna" contra cualquier trastorno emocional fuera vivir en una familia nuclear tradicional). 

Precisamente desde lo ocurrido en Columbine en 1999, he investigado mucho sobre ese hecho y otros similares. Lo que he obtenido como experiencia es que esos monstruos que nos espantan se parecen bastante a nosotros (los "normales") y SIEMPRE son sumamente complejos (como nosotros). Nunca (¡nunca!) se trata de personajes planos, que permiten ser clasificados en la carpeta de "Malos" sólo porque supuestamente sus vidas carecieron de amor y atención. 

Un caso específico de lo anterior son los mismos perpetradores de la masacre de Columbine. Eric Harris y Dylan Klebold eran adolescentes perfectamente "normales". De hecho, un año antes de los asesinatos, ambos fueron atendidos por psicólogos y psiquiatras como parte de la atención que se les dio tras haber cometido un delito menor. Ninguno de los especialistas que los trataron detectó algo anómalo en ellos. Sue Klebold, la mamá de Dylan, negó durante mucho tiempo que su hijo fuera "malo" y atribuyó la responsabilidad de los crímenes a Eric, quien habría influenciado negativamente a Dylan. Varias grabaciones y textos que ambos dejaron le obligaron a reconocer la dolorosa realidad de que su hijo había sido tan responsable como Eric en los hechos. La Sra. Klebold escribió en 2015 un libro narrando su experiencia. Por ese entonces se presentó en una conferencia TED (que dejo abajo), y contó lo mucho que le duele cuando alguien le pregunta/reclama cómo fue posible que no se diera cuenta de los problemas que tenía su hijo. "He aprendido que no importa cuánto queramos creer que podemos... no podemos conocer ni controlar todo lo que nuestros hijos piensan y sienten. Y creer que somos diferentes, que nuestros hijos nunca pensarían en hacerse daño o dañar a alguien, hace que no veamos su parte oculta".

Su respuesta es devastadora, porque nos asoma a un abismo: lo que le ocurrió a ella, como lo que le ocurrió a la familia del niño en Torreón, nos pudo (y nos puede) ocurrir a cualquiera. Ninguno de nuestros hijos se encuentra a salvo sólo porque le preguntamos cada noche cómo le fue ese día. Y ciertamente tampoco está mucho más seguro sólo porque le revisen la mochila a la entrada de la escuela o le prohibamos jugar videojuegos. La respuesta es, insisto, mucho más compleja, y creo que queda brillantemente resumida en lo que contestó Marilyn Manson después de que varios lo señalaran como parcialmente responsable de que los adolescentes estadounidenses se sintieran atraídos por la "cultura de la muerte" que supuestamente él representaba a principios de este siglo. En su documental Bowling for Columbine (2002) Michael Moore le preguntó a Manson: "Si pudieran escucharte en este momento, ¿qué les dirías a los chicos que perpetraron la matanza de Columbine?" Manson respondió: "No les diría ni una sola palabra. Escucharía lo que tuvieran que decirme... que fue lo que nadie hizo jamás". 

lunes, noviembre 26, 2018

Sobreviviendo a la pubertad


Dicen Bárbara Tamborini y Alberto Pellai (La edad del tsunami, 2018) que la preadolescencia es la edad del tsunami: cuando entra en una familia, lo arrolla todo. Desde luego, y a diferencia del maremoto, la pubertad no tiene por qué ser desastrosa. Mucho menos si se cuenta con herramientas para lidiar con ella. 

Con esa intención, un par de jóvenes psicólogas han desarrollado un taller de supervivencia especialmente para preadolescentes (niños y niñas de entre 11 y 14 años). Se abordarán temas de comunicación, relaciones interpersonales y conductas de riesgo, entre otros. 

Tania Santamaría, una de las cabezas del proyecto, es exalumna mía y accedió a responder estas preguntas para ofrecer más detalles sobre el taller, del que habrá una versión para padres y madres de familia en febrero próximo. 

¿Cuáles son los retos más importantes que padres y profesores tienen al momento de educar preadolescentes?
En la preadolescencia se viven muchos cambios, así que hay bastantes retos. Entre los más importantes se encuentran la comunicación, establecimiento de límites, protección del autoestima y relaciones con pares.
Considero que el más difícil es la comunicación. Los preadolescentes ven las  figuras de padres y profesores como una autoridad, y en esa etapa se encuentran desafiándola. Es normal y es parte del desarrollo, pero es importante establecer límites claros y amorosos.
Por otro lado, como comento, los límites son esenciales en esta etapa y en cualquier otra. Los preadolescentes se encuentran explorando y experimentando, así que es necesario dejarlos revisar y conocer el mundo; pero siempre teniendo claro que hay reglas y éstas se deben respetar.

Hay papás y profesores de preadolescentes que asumen que en esta etapa deben ser amigos de sus hijos o alumnos. ¿Hasta qué punto es esto o no recomendable y por qué?
No lo considero recomendable. Como mencioné previamente, la comunicación es uno de los temas más difíciles de llevar con los preadolescentes, pero el establecimiento de límites y reglas es necesario para un buen desarrollo.
Hay una diferencia entre tener un rol de padre o madre amorosa y uno de amigo o amiga. En el primero, se educa, se escucha, aprende y entiende lo que el o la adolescente está viviendo; en el segundo, por otro lado, los límites quedan olvidados y se divierten haciendo cosas “de grandes”.
Puede ser muy perjudicial para los niños que se están convirtiendo en adolescentes no tener una figura constante y amable. Sin embargo, es peor mostrar una actitud de libertinaje que solape las actitudes del menor. Esto lo o la puede llevar a no respetar más adelante los acuerdos que se viven en el día a día.

Cuéntanos un poco acerca de la metodología del taller. ¿Cómo harán para que los asistentes no asuman las sesiones como "clases" normales?
Se llevarán a cabo actividades lúdicas donde los preadolescentes no sientan que están aprendiendo. Al ser un taller psicoeducativo, vienen muchos elementos de conocimiento, pero en este caso, haremos que los y las chavas tengan una idea divertida de aprender.
Se emplearán elementos tecnológicos, actividades en equipo, reflexivas, competencias, chistes y expresión corporal y creativa.
Buscamos que sea un espacio donde los jóvenes puedan crear un círculo social para así tener redes de apoyo, las cuales son importantísimas para todos.
El lenguaje también será esencial. No pretendemos hablar como maestras. Buscaremos ser una figura de aprendizaje que sea amable y confiable.

¿Por qué decidieron iniciar con el taller para los chicos y no con el de los papás?
Nos pareció importante entender qué están viviendo los preadolescentes de hoy en día antes de dar un taller para padres y madres. Es cierto que nosotras desarrollamos el taller investigando y revisando tendencias actuales, pero nada como tener a los jóvenes frente a frente y tratar con ellos.
Al final entregaremos resultados personalizados para revisar las áreas de oportunidad, problemáticas y motivaciones de los y las adolescentes. Esto a los padres les brindará una mejor perspectiva y conocimiento de sus hijos e hijas.
Tenemos planeado, en febrero, desarrollar un taller para los padres y madres interesadas tomando como base la información que hayamos podido observar en esta primera experiencia. De esta manera garantizamos un taller hecho a la medida del preadolescente actual y no un taller de libro, como hay muchos.

Háblanos acerca de quienes impartirán el taller. ¿Qué formación tienen? ¿Con qué experiencia cuentan en el área?
Somos dos psicólogas. Llevamos siendo amigas mucho tiempo y comenzamos a ver necesidades a lo largo de nuestra formación, con esa idea, surgió PANORAMA, nuestra organización, donde estamos comenzando a trabajar con psicoeducación experiencial que contribuya a un mejor desarrollo del individuo en la sociedad actual.
Las dos somos jóvenes y buscamos integrar todos los cambios que hay en el mundo en un espacio seguro donde se puedan desarrollar habilidades y obtener herramientas.
Karen, mi socia, y yo, estudiamos la Licenciatura en Psicología en la Universidad Iberoamericana Ciudad de México. Tenemos cuatro años de experiencia, pues el sistema de la UIA exige prácticas desde el primer semestre. Las dos hemos trabajado con poblaciones infantiles, adolescentes y adultas, todo esto en diferentes escenarios, algunos de ellos centros de internamiento para adolescentes en conflicto con la ley, clínicas para personas con trastornos de la conducta alimentaria, personas migrantes, madres y padres de familia, estudiantes, personas que viven con VIH, entre otros.
Tenemos una visión bastante completa de la estructura del ser humano y buscamos integrarla para que cada quien, desde su individualidad, enriquezca PANORAMA.
Tenemos la idea de compartir nuestra pasión con las personas que decidan inscribirse a nuestros programas y conocer sobre ellos o ellas para integrar nuevos modelos o formas de pensar. Es un ejercicio colaborativo que va acompañado de mucha investigación para poder brindar los mejores talleres.
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El taller Las cosas que no te dijeron de crecer, para niños de 11 a 14 años, se impartirá los próximos 13, 14 y 18 de diciembre de las 4 a las 7 P.M. en las oficinas de PANORAMA (Cd. Satélite, Edomex). El costo es de $1,500 e incluye materiales didácticos. Habrá una sesión informativa el 29 de noviembre a las 5 P.M. Pueden solicitar más información escribiendo a panoramaworkshops@gmail.com o llamando a los teléfonos 55 4135 2219 o 55 2332 9814.   

martes, mayo 22, 2018

Los niños no están bien



Si viven cerca de o con adolescentes varones seguramente saben que el mayor insulto que puede recibir su hijo/alumno es que le digan que hace cualquier cosa (hablar, caminar, patear un balón, etc.) "como niña"; saben también que ante ese insulto el niño debe reaccionar violentamente para demostrar que no es, de ninguna manera, "una niña"; han visto a su hijo/alumno retener el llanto hasta que se encuentra solo; y saben que las pedas son el único momento en el que sus hijos/alumnos están socialmente autorizados a mostrar afecto a amigos del mismo sexo (a quienes abrazan, besan y dicen lo mucho que quieren). 
The Mask You Live In muestra lo que es una verdad evidente para cualquier persona que viva cerca de o con adolescentes: la sociedad en la que vivimos ha construido un molde muy rígido y muy injusto para definir la masculinidad. Un molde basado en tres principios: el niño o adolescente debe 1) destacar en algún deporte (o por lo menos "estar mamado", aunque no practique ninguno), 2) asumir que su éxito se mide por la cantidad de dinero que tiene y 3) ser un Don Juan (tomar a la mujer como presa de caza, y acumular "trofeos" que acrediten su masculinidad).
"Ser hombre" con base en las ideas anteriores genera individuos inseguros, cerrados en sí mismos, incapaces de mostrar emociones que no denoten agresividad y violencia, imposibilitados para construir relaciones estables. 
Y la responsabilidad de esta construcción social somos todos. La crisis de género no termina con la adolescencia, y su atención no corresponde exclusivamente a los padres y profesores: las mujeres que rodean a estos chicos juegan un papel muy importante al momento de reforzar el modelo (aceptándolo sin cuestionarlo como algo "normal" y que no puede cambiarse).
Me vi reflejado en este documental: como niño, como adolescente y como profesor. Creo que ―indistintamente de su género y edad― pueden encontrar en él el retrato de alguien que conocen o son. Alguien que necesita saber que la idea de "hombre" que rige su vida puede ser diferente. Y mucho mejor. 
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The Mask You Live In, de Jennifer Siebel (2015), está disponible en Netflix. 


lunes, mayo 14, 2018

Tres libros para enseñar mejor


Aprovecho la llegada del Día del Maestro para recomendarles tres lecturas que han marcado una diferencia notable en mi forma de asumir la actividad a la que desde hace once años dedico mi vida: la educación. Si son padres y/o profesores les aseguro que estas obras les abrirán caminos a destinos desconocidos, pero que necesitan conocer.  
Lecciones de los maestros, de George Steiner (2004)
George Steiner (París, 1929), legendario profesor de literatura comparada y uno de los intelectuales más importantes del último medio siglo hace un recorrido de lo que significa ser maestro desde Sócrates hasta nuestros días, pasando por Jesús, Dante, Nietzsche y la tradición confucianista. ¿Por qué un profesor decide serlo? Y, como alumno, ¿qué sentido tiene asistir a clases en la era Google y Wikipedia? Responde el profesor Steiner: “Ningún medio mecánico, por expedito que sea; ningún materialismo, por triunfante que sea, pueden erradicar el amanecer que experimentamos cuando hemos comprendido a un Maestro. Esta alegría no logra en modo alguno aliviar la muerte. Pero nos hace enfurecernos por el desperdicio que supone porque llega un momento, siempre inevitable, en el que ya no hay tiempo para otra clase”.
Este libro me fue recomendado por Eduardo Díaz, alumno de la primera generación a la que di clases. Desde entonces he leído mucho sobre pedagogía, pero nada con la densidad filosófica desde la que Steiner aborda el tema.
Crear o morir, de Andrés Oppenheimer (2014)
No es precisamente un libro sobre educación, sino sobre innovación. Fue el primero que me puso clara la triste y enfadosa realidad de que en nuestro sistema educativo aniquilamos el sentido de riesgo que implica aprender en serio. Con este libro me di cuenta de lo acostrumbrados que estamos a “formar alumnos” para pasar pruebas que muy poco tienen qué ver con la vida real y cómo los condenamos a la mediocridad al convertirlos en timoratos que buscan certeza y estabilidad prácticamente sin haber vivido. Nos llenamos la boca cacareando las personalidades de Jobs, Gates, Zuckerberg y Branson… pero a la hora buena los formamos con el molde del Godín bien remunerado.
Este libro me lo recomendó también un exalumno, Diego Lara, una tarde que acudió a mi oficina para relatarme una crisis vocacional que atravesaba entonces. “Siento que no estoy aprendiendo nada en la universidad, que estoy perdiendo el tiempo”, me dijo. Leí el libro y lo entendí perfectamente.
Los bárbaros, de Alessandro Baricco (2009)
Este libro llegó a mis manos gracias a mi colega Claudia Magos. En él, Baricco analiza con muy altos vuelos literarios la brecha abierta entre jóvenes y adultos. Habla de la facilidad con la que los segundos calificamos a los primeros despectivamente (de “bárbaros”, en su acepción de "incivilizados", poco menos que salvajes). Pero sobre todo habla de lo mucho que perdemos cuando nos conformamos con esas etiquetas fáciles. Cuando escribió el libro, Baricco rebasaba ya la cincuentena, pero no se conformó con el cliché fácil de cargar contra la generación de Snapchat e Instagram. En vez de eso, intentó algo más digno de un profesor y padre inteligente (y bastante más difícil): comprenderlos. Su texto no concluye con la certeza falsa de "entender a los jóvenes", sino con la valiosa invitación a intentar hacerlo. Es un ensayo brillante y, desde mi perspectiva, nitroglicerina pura para muchas ideas dañinas pero muy cómodas que siguen vivitas y coleando entre profesores y padres de familia.  

lunes, mayo 07, 2018

Lo que todo gran profesor sabe


Esto es lo que todo gran profesor de hoy día ya sabe:

  • Que no es necesario "cubrir" todo el temario, ni siquiera cumplir con todos los estándares de aprendizaje por igual. Saben priorizar y relativizar la importancia: algunas cosas requerirán dos semanas, y otras, dos frases.
  • Que no es necesario perder el tiempo dando la misma lección a toda una clase al mismo tiempo. Son capaces de encontrar la manera de que cada alumno esté haciendo una cosa diferente y apropiada.
  • Que tienen que recurrir a la tecnología para conseguirlo. Los mejores profesores lo llevan al máximo y dejan que los alumnos trabajen los detalles ellos solos, haciendo lo que más les gusta al tiempo que se aseguran de que todo el mundo entiende bien todo. 
  • Que obtienen mejores resultados de los alumnos cuando los desafían y les piden que los sorprendan.

Los mejores profesores son conscientes de que tienen que incluir en su forma de enseñar un gran número de destrezas que son imprescindibles para triunfar en el futuro y que no están incluidas en los planes de estudio actuales.

Todos los grandes profesores que conozco piensan constantemente en esas destrezas y buscan cómo contribuir a que los alumnos las adquieran. Pero no les vendría mal un poco más de ayuda. Tenemos que brindárselas. Una de las mejores maneras de ayudar sería borrar casi todo lo que forma el plan de estudios actual y asegurarnos de que los alumnos comprenden lo esencial, algo que ocurre muy rara vez.

En esto consiste el cambio del papel de los profesores en la era de la tecnología: en pasar de ofrecer y explicar contenidos a proporcionar las destrezas humanas que las máquinas no pueden proporcionar, entre las que se incluyen el respeto, la empatía, la motivación y el fomento de las pasiones de los alumnos. 

Mark Prensky en El mundo necesita un nuevo currículo (SM de Ediciones, 2017).   

jueves, diciembre 07, 2017

Gregorio Luri: "Mejor educados"



La educación es una de esas áreas en las que, tristemente, es frecuente encontrar "villamelones": personas que hablan con aire de suficiencia sobre algo que no entienden. Mucha gente cree que es autoridad en la materia porque "me pasé en la escuela equis cantidad de años" (y cuentan desde preescolar hasta su último curso de cocina), porque es padre o porque fue o es profesor. Aunque desde luego ayudan, no considero que esas experiencias conviertan de facto a alguien en autoridad en materia educativa.

En área donde todo mundo cree que sabe, es difícil encontrar voces lúcidas, mesuradas y, sobre todo, que asuman la complejidad del tema sin ofrecer recetas mágicas subidos a la ola de la "innovación educativa" para justificar ocurrencias o francos disparates. Una de esas voces es Gregorio Luri, doctor en Filosofía, profesor con experiencia en todos los niveles educativos, y autor de varios libros sobre el tema. También es padre y abuelo. 

Su libro Mejor educados recoge muchas ideas relevantes respecto a la educación, centrado en los padres de familia, aunque bien puede aprovecharlo cualquier interesado en el asunto. 

No comulgo con todas las ideas de Luri: algunos de los títulos de los pequeños capítulos del libro me resultaron innecesariamente toscos (p.ej. "Desconfíe del profesor que quiere hacer feliz a su hijo": no me cabe en la cabeza un padre, o un profesor, que no desee que su hijo o alumno sea feliz), ninguna de las ideas que presenta está desarrollada a profundidad, y en general me ha parecido que defiende una perspectiva pedagógica conservadora y tradicional (sin que estos adjetivos sean necesariamente negativos), pero en términos generales el libro me hizo pensar bastante.

Me parecen especialmente valiosas sus reflexiones sobre la necesidad de comprometerse con la educación de nuestros hijos (o alumnos): no temer definir una postura, y mucho menos defenderla... sobre todo si tiene base en el sentido común; no asumir que la niñez o la adolescencia "son una enfermedad que se cura con los años", ni evitar el reto delegando la responsabilidad en otros (los padres en los profesores, y viceversa).

No es éste un libro para ahondar en el tema. Ha de tomarse más como detonante de ideas y, ojalá, como propiciador de debates que pasen de la simple charla de café y nos permitan acercarnos de manera más sensata e inteligente a un asunto que nos atañe a todos: la mejor educación posible que podamos ofrecer a nuestros hijos.  

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Mejor educados, el arte de educar con sentido común, de Gregorio Luri, está editado por Ariel. La edición impresa cuesta $96 (gandhi); la digital, $119 (Amazon Kindle). 

Les dejo un video de una charla TEDx que Luri dio hace algunos años: 


miércoles, septiembre 13, 2017

¡Hasta pronto, generación IB 2017!

Estimados Padres de Familia.
Queridos colegas.
Inolvidables alumnos del Bachillerato Internacional, generación 2017.
En una de las novelas que leímos, comentamos y analizamos, Vida de Pi, de Yann Martel. Revisamos algunas características básicas de la novela de viaje. Comentamos, según recuerdo, que los protagonistas de estas historias se enfrentan a condiciones adversas que deben vencer para lograr llegar a su destino. Dijimos también que en una buena novela de este género el protagonista siempre cambia, se transforma, conoce algo de sí mismo que le permite cerrar una etapa e iniciar otra.
La metáfora del viaje, desde luego, funciona a la perfección para definir el momento en el que se encuentran ahora. Han terminado un recorrido pleno de miedos y confusiones, de misterios y acertijos que parecían imposibles de resolver. En su camino han encontrado aliados y enemigos; desconocidos que les tendieron la mano y amigos que a la hora de la verdad se quebraron y dejaron de serlo. Pero también, y sobre todo, si fueron lo suficientemente afortunados en estos años, crecieron y se conocieron un poco mejor. Descubrieron habilidades que no sabían que tenían y cayeron en cuenta de que algunas áreas que creían dominar en realidad les deparaban todavía muchas sorpresas. Aprendieron y cambiaron. Se transformaron, como los personajes de las mejores novelas de aventuras.
Ahora llevan ya varias semanas de otro viaje. Uno más largo, más complicado, más retador y, espero, también más motivante. Estoy seguro de que la mayoría llegará a buen puerto, aunque probablemente será uno distinto al que prevén en este momento. Otros pocos cambiarán de barco y muy pocos, espero sinceramente que ninguno, naufragará. Pero la vida es así, y sigue siendo maravillosa.
Lo importante es que están iniciando otro viaje, y es en esta metáfora en la que deseo detenerme un momento. En la metáfora del viajero. Noten que he dicho viajero y no turista. En uno de sus últimos textos, el filósofo y sociólogo polaco Zygmunt Bauman afirmó que uno de los problemas más graves de nuestra época consiste en que los seres humanos hemos dejado de ser viajeros y nos hemos convertido en turistas de nuestras vidas. Bauman decía que los viajeros son muy parecidos a los peregrinos, en el sentido de que los mueve una búsqueda profunda, trascendente, muchas veces lenta y que exige paciencia y pasión. Los turistas, por el contrario, pocas veces se detienen más allá del tiempo necesario para tomar una selfie. No importa que frente a sí tengan una obra maestra, o un paisaje que a otro le quitaría el aliento. Lo único que desea el turista es capturar una imagen para alimentar su historia de Snapchat.
En un sentido muy similar escribe el filósofo francés Michel Onfray en su libro Teoría del viaje. Dice que al viajero auténtico lo caracteriza “el gusto por el movimiento, la pasión por el cambio, el deseo ferviente de movilidad y la furia de la independencia”. Noten por favor que estas palabras entrañan una disyuntiva fundamental: somos nómadas o sedentarios, dice Onfray, aficionados al flujo, a los transportes, a los desplazamientos o apasionados por el estatismo, el inmovilismo y las raíces. Los primeros aman la ruta, larga e interminable, sinuosa y zigzagueante; los segundos disfrutan de la madriguera, oscura y profunda, húmeda y misteriosa.
Asumiré esta tarde que pertenecen al primer grupo, al de los viajeros, simplemente porque su edad lo exige y porque no se necesita revisar sus vidas exhaustivamente para darse cuenta de que se están moviendo, de que siguen cambiando, de que la transformación no ha cesado.
Y a ustedes, viajeros de la generación IB de la PrepaTec Esmeralda 2017, deseo recordarles hoy las palabras de un poeta griego que escribió unos versos sublimes refiriéndose al más famoso de los viajeros: Ulises. Les recuerdo que, después de diez años en la guerra de Troya, Ulises tardó diez años en su viaje de regreso a casa, la isla de Ítaca. En ese camino se enfrentó a Poseidón, a cíclopes, gigantes caníbales y, desde luego, también a las sirenas. Durante el trayecto perdió a todos sus amigos. Y cuando por fin llegó a casa, dicen los versos de Homero, no pudo evitar un gesto de decepción al encontrar una isla pequeña y empobrecida, muy lejana de la próspera e imponente ciudad que él idealizaba tras veinte años fuera de casa.
Otro gran poeta griego, Constantino Cavafis, recuperó esa idea y consideró que Ulises se había equivocado al decepcionarse de Ítaca cuando regresó a casa. Porque, después de todo, la simple idea de Ítaca, la idea de un hogar, de una familia, de un lugar en el que pudiera sentirse cómodo, esa idea, lanzó a Ulises al mar para llevar a cabo un viaje repleto de aventuras y conocimiento. Por eso, decía Cavafis, Ulises debía estar agradecido con Ítaca, con esa idea que le motivó a iniciar un viaje que ningún otro mortal había emprendido antes.
Esta tarde yo les recomiendo lo mismo que Cavafis a Ulises. Ya inmersos en este maravilloso viaje que son sus vidas, deseen que el camino sea largo. Tengan una meta clara, pero no apresuren el paso.
Mejor que dure muchos años,
y ya anciano recales en la isla,
rico con cuanto ganaste en el camino,
sin esperar que te dé riquezas Ítaca.
Ítaca te dio el viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene más que darte.
Y si pobre la encuentras, Ítaca no te engañó.
Así, sabio como te hiciste, con tanta experiencia,
comprenderás ya qué significan las Ítacas.
Sean viajeros, no turistas. Nutran su historia en Snapchat, pero dense tiempo para encontrar trascendencia. Asuman que la vida es sinónimo de misterio y no permitan que esa verdad los asuste. Busquen estabilidad, pero asuman que ningún cambio importante se ha logrado simplemente esperando que ocurra. Y disfruten, desde luego. Tienen motivos de sobra para asumir que el viaje será placentero. Y si no lo es, si las aguas se enturbian o algún vendaval amenaza su barca, recuerden que tienen en nosotros, sus padres y profesores, a navegantes experimentados dispuestos a lanzarles un salvavidas.
Muchas gracias por habernos permitido compartir estos años con ustedes. Ha sido una aventura extraordinaria. Les deseo el mejor de los éxitos.

viernes, agosto 25, 2017

Queridos jóvenes: es mejor no leer

Alessandro Baricco
No tengo ninguna duda de que el placer de leer, así como la cultura del libro, están fuertemente relacionados a una derrota. A una herida y a una derrota. Sobre los libros no tengo dudas. Sobre la música, teatro, cine, puede ser más problemático.
Leer es siempre la revancha de alguien que en la vida fue ofendido, herido. Me parece que leer libros es una manera inteligentísima de perder. Relacionado a una especie de renuncia a combatir sobre el campo. No sé si esto tiene alguna relación con la “humanidad ofendida”, de la cual escribía Adorno. Sé que la gente de libros es, por lo general, gente que sufre.
Existe una tendencia a ser sumergido por esta sensación de desequilibrio. Y es verdaderamente peligrosa.
Lo que pensaban de la novela en el siglo XIX las personas de buen sentido, es decir, que era peligrosa, es verdad; y está bien que en el origen de la novela así haya sido percibido. Lo entendieron rápidamente los médicos que prohibían a sus esposas la lectura de novelas, en la pureza áurea de aquel objeto —la novela— entendían una cosa que a nosotros actualmente nos parece ridícula. Pero era verdadera en aquel entonces y permanece como algo que tiene que ver también hoy con la experiencia de leer.
Para ser prácticos, veo a estos muchachos de 16 años que pasean, y que han leído todos mis libros, o bien demasiado Kafka o demasiado Dostoievsky. Los veo. Y cuando me preguntan qué deben hacer, sólo una cosa me llega a la cabeza: “Váyanse a jugar con el balón, tiren los libros, paseen. Córtense los cabellos, píntenselos de verde. Hagan algo. Busquen estar en el adentro. No afuera. Después de ello, regresen a los libros, por caridad, pero no se dejen imbuir”.
Si pienso en los jóvenes de hoy, en lo que leen y lo que no leen, y si desde nuestra experiencia de Tótem puede surgir alguna luz sobre esto, me vienen a la cabeza algunas cosas.
Antes que nada, se necesita una gran disposición de nuestra parte para entender que la geografía del sentido de estos jóvenes es objetivamente distinta de la nuestra. Y no por un proceso de “vulgarización” o “denigración” de aquello que es noble. En lo absoluto. Será noble como la nuestra, pero será distinta.
No se puede pretender que los Quartetti de Beethoven cubran, en la geografía de la inteligencia de estos jóvenes, la misma parte que han cubierto en la geografía de nuestra inteligencia. Y no precisamente por un proceso de degradación. No, simplemente porque la geografía cambia.
Si nosotros, cada vez que se pierde un pedazo de la geografía que nos ha generado, nos ponemos a pensar que ésta es una pérdida estéril del mundo, y si nosotros debiéramos ser así de idiotas para pensar esto en un modo apriorístico y dogmático, no se abrirá jamás un diálogo con estos jóvenes.
Debemos entender que su geografía será igual de noble que la nuestra, y además podría ser más noble, si no existiera ningún vestigio de la nuestra.
Allá donde en nosotros existía un puerto, en ellos no existe nada. Han dejado todo al nivel del suelo para dar vida a un gran estacionamiento. Y nosotros debemos tener una gran e inmensa inteligencia para no despreciarnos por el hecho de que hay un estacionamiento donde había un río, sino entender, antes que nada, toda la geografía. Y pensar —casi como un acto de fe— que nuestra geografía será igual de noble que la de ellos. Porque de hecho es así. Porque a final de cuentas, en los últimos Quartetti, ¿qué criticaba Beethoven? Era el mundo en movimiento. Después, la forma en la cual se puso en movimiento, porque nunca estuvo en nuestras manos elegir dicha forma.
La única cosa que debemos odiar es la inmovilidad. Porque es la muerte, es la dictadura, es el mundo en pausa.
Pero si el mundo comienza a vibrar, necesitamos después, de vez en vez, entender la forma de esta vibración, que no podrá ser siempre la misma.
El problema de la lectura, a final de cuentas, es esto. Si partimos del supuesto de que cada joven que no lee es una pérdida para la civilización, partimos de un supuesto erróneo. Estúpido. No es del todo cierto que, dentro de 150 años, la lectura será el modo, la forma más apta para la creación de sentido, para aprehender la vitalidad de lo real. Sin embargo, ¿esto quiere decir que no se puede hacer nada, que no podemos hacer nada, para transmitir a un joven el sentido de aquello que para nosotros es noble? Nada en absoluto. Nada es grandioso si uno no es capaz de explicar el porqué lo es.
Si los Quartetti de Beethoven son grandiosos sólo porque son los Quartetti de Beethoven, y uno no parte de cero, y no sabe explicar el porqué, aquella grandeza está acabada. Deviene en una imposición, justo a lo que un joven siempre se rebela.
Cuando los jóvenes se rebelan a la lectura únicamente porque les viene dada como un valor inexplicable, porque es mejor que jugar Playstation, es necesario preguntarnos si alguno les ha explicado de manera convincente por qué es mejor. Aparte de que se trata, evidentemente, de una cuestión abierta —no sabemos todavía bien qué cosa sucede en aquel nuevo mundo de mensajes visivos, sensibilidad, velocidades distintas a la nuestra—, es por eso que los jóvenes viven la lectura como una agresión a sus valores.
El libro y el videojuego desde el inicio resultaron contrapuestos. Entonces, o estamos en condiciones de explicárselos, o bien estamos haciendo algo que los alejará más.
En cambio, el desafío es que a alguien que juega con el Playstation le cuentes el Cyrano, y que, de pronto, te escuche. Pero no le puedes decir: "¡Ve al teatro! A ver un Cyrano de Bergerac doctísimo y aburridísimo". Así, nos la jugamos todos, ¡uno después del otro!
Esto nos ayudará también a entender qué cosa está todavía viva y qué cosa está muerta. Cuando, en resumidas cuentas, no puedo explicar a los jóvenes en la escuela Holden, por qué creo que El hombre sin atributos de Musil es un libro para leer, cuando advierto que me canso cada vez más, que cada vez tengo menos credibilidad, y que no logro convencerlos, no sólo quiere decir que no soy lo suficientemente bueno. Sugiere también que quizás, en la nueva geografía que está naciendo, El hombre sin atributos no es un libro importante. Esto es algo muy probable, de lo cual no debemos espantarnos. No lo digo para provocar. Los músicos que Rossini admiraba en su oficio se llamaban Mozart, Haydn, pero otros tenían nombres que hemos olvidado por completo.
Las geografías cambian. Quizá El hombre sin atributos no es importante por siempre. Lo ha sido para mí, para mi generación, pero cuando se comienza a no saber explicarlo, cuando percibes que no te creen, es mejor buscar entender qué cosa está pasando, cuál es la nueva geografía que está naciendo.
Y prepararse para tomarla.
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Extracto del texto leído por el autor el pasado 15 de mayo en la Feria del Libro de Turín, en un panel dedicado al tema de la lectura y recientemente publicado en el libro Totem. L'ultima tournée (Einaudi, 2003).
Traducción de Israel Covarrubias

domingo, enero 01, 2017

"El corazón es un resorte", de Pablo Boullosa


Desde hace algunas semanas se encuentra en librerías el nuevo libro de Pablo Boullosa, uno de los conductores de La dichosa palabra en Canal 22. Yo lo conocí a fines de los '90 en la hoy extinta estación de radio Ondas del Lago (dirigida por Tere Vale y Nicolás Alvarado), donde conducía (él) un programa para trasnochados de nombre 90 Kinky. Le recuerdo culto, afable y dicharachero, con una risa que sonaba franca. Después de eso le perdí la pista hasta La dichosa palabra, programa de difusión cultural de gran éxito que he visto muy pocas veces (y creo que ninguna completa). Desconocía hasta ahora que una de sus áreas de trabajo fuera la educación, y me dio mucho gusto encontrarme hace unos días su libro en la mesa de novedades de El Péndulo.

La sorpresa ha sido agradable. La obra es de lectura rápida, pues consiste en textos breves que el autor ya había publicado previamente y que reunió en forma de libro para esta edición. Como señala el título, el foco es la educación, con énfasis en lo que algunos autores han escrito previamente al respecto, sobre todo clásicos. No contiene ideas nuevas, pero sí frescas. Boullosa asimila con acierto y presenta con claridad lo que otros han dicho sobre pedagogía para presentarlo a sus lectores, de los que no se exige más que interés en el tema.  

En entrevista con Jesús Alejo a propósito de la presentación del libro en la FIL de Guadalajara, Boullosa afirmó que uno de los más grandes errores de la educación del siglo XX fue imaginar que los clásicos y la educación tradicional ya no tenían valor, que lo más importante era el futuro. "Y lo que hemos logrado son generaciones egoístas, que ya no tienen vínculo con el pasado y que han roto una tradición cultural muy rica". Es una aseveración grave, pero no exenta de razón. Es por ello que al final del libro incluye como voces invitadas a Plutarco y Alfonso Reyes, mostrando que algunos de los conceptos más valiosos de la educación fueron ya enunciadas por autores hoy considerados clásicos, obviamente muy alejados del credo posmoderno que domina el trabajo en las aulas hoy.

Desde hace años sostengo que el educativo es un tema que nos concierne a todos. Cómo y para qué educamos a nuestros niños y jóvenes  determina el presente y futuro de la sociedad en la que vivimos, sin importar si nos dedicamos a la docencia o si somos padres (o no). Desde esta perspectiva, el libro de Boullosa ofrece material de alta calidad para abrir conversaciones sobre el asunto y, en el mejor escenario, seguir indagando respecto. 

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El corazón es un resorte. Metáforas y otras herramientas para mejorar nuestra educación.

Autor: Pablo Boullosa
Editorial y año: Taurus, 2016
Precios (MXP): 299 impreso | 159 digital 

miércoles, agosto 31, 2016

Escuelas creativas

TED es una organización sin fines de lucro basada en California que cada año organiza la cada vez más reputada y exclusiva conferencia TED, de la que surgieron las celebérrimas charlas TED (TED Talks), de las que hoy hay más de mil, traducidas a más de 80 idiomas.
Por ese foro han pasado líderes sociales, expresidentes, empresarios, premios Nobel, y una pléyade de “influenciadores” cuya presencia justifica el elevado precio de la conferencia (2500 dólares por un fin de semana).
Al momento de escribir estas líneas, la charla “¿Las escuelas matan la creatividad?” que Ken Robinson (Liverpool, 1950) ofreció en TED en 2006 supera los 40 millones de reproducciones: es la más vista en la historia de la conferencia. Ello ha convertido a Robinson no sólo en uno de los pedagogos más celebres del planeta, sino en una especie de “rock star” de la educación. En esa charla (que recomiendo ampliamente) Robinson critica de manera puntual el sistema educativo basado en la preparación para exámenes estandarizados (PISA a nivel global; DOMINA, ENLACE y varias similares para el caso mexicano) y sobre todo el relegamiento intencional de las disciplinas artísticas de planes de estudio casi específicamente centrados en la enseñanza de lengua y matemáticas.
Robinson –que ha asesorado escuelas y sistemas educativos en todo el mundo– plasmó buena parte de las ideas de esa conferencia en su libro El elemento (2009, con una edición corregida y aumentada en 2013).
En su nueva obra, Escuelas creativas (2015), Robinson vuelve sobre esos pasos y desarrolla a profundidad su propuesta de revolucionar la educación bajo el supuesto de que el sistema actual lleva varias décadas retrasado. Ofrece varios ejemplos de escuelas alrededor del mundo que han implementado estos cambios con resultados notables. Tristemente ninguno de estos se encuentra en México.
Terminar de leer el libro me ha producido ansiedad y desasosiego. Es cada vez más evidente –y no desde hace poco tiempo– que el sistema educativo que conocemos es ineficiente en términos de lo que las nuevas generaciones necesitan de sus escuelas y profesores en los tiempos que corren. Sin embargo, al menos en México, parecemos empeñados en hacer que las cosas funcionen como antes, que los alumnos aprendan (sí o sí) como lo hicimos nosotros, y lo hicieron nuestros padres y abuelos; asociamos la innovación con uso de tecnología (sin atender casi la base pedagógica sobre la que deberíamos usarla) y –en general– seguimos centrados en la enseñanza estandarizada (todos deben aprender lo mismo, al mismo tiempo y con los mismos resultados) y no en el aprendizaje personalizado que exige el presente y reclamará el futuro.
Hay mucho miedo, sin embargo, a dar esos pasos. Padres de familia, profesores, directivos escolares e incluso a menudo los mismos alumnos parecen sentirse incómodos con innovación real, con la que apela a la pedagogía más que a la tecnología. Por ejemplo: usar una tablet en el salón está bien visto; pero trabajar sobre la base del aula invertida genera zozobra. La solución, me parece, está en palabras de Esther Wojcicki: "Para transitar al siglo XXI, las escuelas deben arriesgarse. Necesitan encontrar una manera de cambiar la cultura del aula: del modelo dirigido por el profesor a uno liderado por el estudiante. Esa es la base del aprendizaje mixto". Hacia esas dianas hay que apuntar, y no hacia las que nos hacen sentir cómodos y seguros pero que a los alumnos definitivamente no les garantizan el aprendizaje que les hará salir adelante en décadas por venir. 
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Escuelas creativas. La revolución que está transformando la educación.

Autor: Ken Robinson (con Lou Aronica)
Editorial: Grijalbo
Precios (MXP): 289 impreso | 159 digital 

domingo, julio 03, 2016

#EnMangasDeCamisa 08

Esta semana recomendación gastronómica en mangas de camisa: visité el restaurante Órale Arepa; les cuento qué me pareció.

También una reflexión sobre el éxito y el fracaso a propósito del retiro de Lionel Messi de la albiceleste y la carta que una profesora le escribió pidiéndole reconsiderar su decisión. También a propósito de ello hago mención de una entrevista que Borja Hermoso le hizo recientemente al gran  George Steiner. 

Las ideas musicales son de Los amigos invisibles ("Dun Dun"), Pearl Jam ("Whishlist") y Sigur Rós ("Hoppípolla"). 

Como siempre, bienvenidos sus comentarios y sugerencias... y muchas gracias por compartir. ¡Disfruten mucho... y siempre en mangas de camisa! :-D

domingo, junio 19, 2016

#EnMangasDeCamisa 06

En el sexto episodio En mangas de camisa: un alegato contra la tolerancia a propósito del atentado en Orlando y un texto de José Pablo Salas.

También un vistazo a Aprende, el portal de educación en línea con el que Carlos Slim planta cara a Coursera y EdX. 

Las ideas musicales provienen del nuevo disco de Zucchero, el musical Hamilton (ganador de once premios Tony la semana pasada) y el cantautor chileno Benjamín Walker.

Hay regalos también: un ejemplar nuevo de La tregua, de Mario Benedetti y una tarjeta Starbucks de 150 pesos. 

Como siempre, bienvenidos sus comentarios y sugerencias, y muchas gracias por compartir. ¡Disfruten... en mangas de camisa! :-D




lunes, mayo 09, 2016

En mangas de camisa 01

Presentando En mangas de camisa: el nuevo blog de ergozoom. La pretensión es sencilla: transmitir el ánimo relajado de la tarde de domingo mediante una charla ligera pero inteligente basada en digresiones culturales aderezadas con música que refresque el alma. Algo que dé gusto escuchar, para terminar la semana y empezar otra. 

Empezamos con crítica a la nueva novela de Vargas Llosa, comentario sobre la exposición El arte de la música y recomendación del nuevo disco de Ocean's Acoustic. Aderezan el primer episodio deliciosas canciones de Alabama Shakes y Navii. 

Escuchen con calma, y disfruten. :-)

domingo, julio 12, 2015

Cada alumno toca su instrumento...



Cada alumno toca su instrumento, no vale la pena ir contra eso. Lo delicado es conocer bien a nuestros músicos y encontrar la armonía. Una buena clase no es un regimiento marcando el paso, es una orquesta que trabaja la misma sinfonía. Y si has heredado el pequeño triángulo que sólo sabe hacer ting ting, o el birimbao que sólo hace bloing bloing, todo estriba en que lo hagan en el momento adecuado, lo mejor posible, que se conviertan en un triángulo excelente, un birimbao irreprochable, y que estén orgullosos de la calidad que su contribución confiere al conjunto. Puesto que el gusto por la armonía les hace progresar a todos, el del triángulo acabará también sabiendo música, tal vez no con tanta brillantez como el primer violín, pero conocerá la misma música.
Hizo una mueca fatalista:
—El problema es que queremos hacerles creer en un mundo donde sólo cuentan los primeros violines. 
Una pausa:
—Y que algunos colegas se creen unos Karajan que no soportan dirigir el orfeón municipal. Todos sueñan con la Filarmónica de Berlín, lo que es comprensible... 

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Del libro Mal de escuela, de Daniel Pennac (DeBolsillo, 2010)

miércoles, abril 01, 2015

La innovación es una enfermedad que se cura con los años.


Recupero una de las inquietudes que Andrés Oppenheimer presenta en su libro ¡Crear o morir! (Debate, 2014), y que tiene que ver con la cultura de la innovación. Él señala que hay un consenso generalizado en el sentido de que los países latinoamericanos "deben mejorar la calidad de la educación, estimular la graduación de ingenieros y científicos, aumentar la inversión en investigación y desarrollo, ofrecer estímulos fiscales a compañías que inventen nuevos productos, derogar las regulaciones burocráticas que dificultan la creación de nuevas empresas, ofrecer más créditos a los emprendedores y proteger la propiedad intelectual". Todo esto, sin embargo, puede resultar inútil "a menos que exista una cultura que estimule y glorifique la innovación".
    
¿Qué es una cultura de la innovación?
Oppenheimer responde: "Es un clima que produzca un entusiasmo colectivo por la creatividad y glorifique a los innovadores productivos de la misma manera en que se glorifica a los artistas o a los deportistas, y que desafíe a la gente a asumir riesgos sin temor a ser estigmatizados por el fracaso. Sin una cultura de la innovación, de poco sirven los estímulos gubernamentales, ni la formación masiva de ingenieros, ni mucho menos los parques tecnológicos que promueven varios presidentes".

Es, en suma, una cultura en la que el riesgo y su primo hermano el fracaso no se penalizan, sino que —al contrario— se valoran en el entendido de que ninguna idea genial surgió sin decenas de intentos previos (que terminaron, sí, fracasando). 

Me llama la atención esta idea porque me parece poderosa y, sobre todo, porque no considero que haya permeado en nuestro sistema educativo, ni en nuestra cultura. No sólo entre mi generación sino, más preocupantemente, entre integrantes de la nueva (nacidos a partir de 1995) sigo percibiendo un temor atávico al fracaso. De algunos de mis exalumnos, hoy jóvenes en sus primeros 20's, escucho la necesidad de encontrar un trabajo estable, que pague sus cuentas. ¿Arriesgarse a inventar algo, iniciar su propia empresa o dedicarse en serio a alguna actividad artística? "Pepe, seamos serios por favor".

Incluso de los más jóvenes, que todavía no entran a la universidad, he percibido la necesidad de contar con un plan de carrera bien definido (en los términos que, por supuesto, propone el entorno que conforman sus padres y escuela), una especie de hoja de ruta que les garantice que, si la siguen con diligencia, en unos años tendrán un empleo estable y, quizá, serán felices. Es raro al que le noto la convicción (tan cacareada por los teóricos de las nuevas generaciones) de que su destino no consiste en buscar trabajo sino inventarse uno.  

Por todos lados bombardeamos a nuestros jóvenes con videos y frases de Steve Jobs, Bill Gates, Richard Branson y un largo etcétera de emprendedores que se han arriesgado muchas veces (y fracasado otras tantas) para lograr el éxito que hoy les admiramos.  Sin embargo algo en nuestra cultura, algo viejo pero muy fuerte, no permite que esas ideas aniden entre nuestros más jóvenes. Por alguna espantosa razón siguen considerando que lo mejor es seguir el guión que alguien les pone enfrente en vez de crear el suyo aún a riesgo del fracaso. Esta última palabra paraliza a casi cualquier persona que conozco (y me interesan, sobre todo, mis alumnos y exalumnos). Ante la simple idea del fracaso su semblante se endurece y sus ideas también. Esgrimen el argumento (de sus padres, de sus abuelos) de que la vida es de tal manera (como lo fue hace treinta o cuarenta años) y que, bueno, la juventud es una enfermedad que se cura con la edad. 

Leo en el libro de Oppenheimer que una de las preguntas recurrentes en las entrevistas de trabajo en Silicon Valley se refiere a cuántas empresas has iniciado (no llevado a la cumbre del Dow Jones, sino simplemente iniciado) y pienso en mis alumnos y exalumnos respondiendo, desconcertados: "Ninguna, pero me gradúe con mención honorífica (o algún otro mérito equivalente)". Algo estamos haciendo muy mal si el principal mérito de nuestros jóvenes es un documento que "avale" (así, entre comillas) ciertas competencias que, en el mundo real (y el que sigue en las próximas décadas), deberían poderse mostrar en acción y no sólo mediante un certificado. Documento que, por cierto, les habrá costado el equivalente en tiempo y dinero a lo suficiente para haber iniciado varias empresas, una de las cuales podría estar pagando sus cuentas y perfilándolos como competidores globales en vez de esperar a los 22 o 23 años que su carrera profesional inicie cobrando como empleados en alguna empresa o compitiendo contra colegas de su edad que tienen a cuestas la experiencia de dos o tres start-ups.

Ni duda cabe: hay mucho camino por andar.

lunes, marzo 30, 2015

La escuela en 2025, según Salman Khan


Salman Khan (1976) es el fundador de la Khan Academy, organización sin fines de lucro que ofrece una herramienta de educación personalizada en línea; recursos están disponibles en su totalidad de forma gratuita. Las siguientes líneas forman parte del libro ¡Crear o morir!, de Andrés Oppenheimer (Debate, 2014).

Me imagino que el aula de 2020 o 2025 (y espero que pase antes que eso, porque yo tengo dos niños, uno de cuatro y uno de dos años) definitivamente será un aula física. Ese espacio va a ser el eje del aprendizaje. Espero que el aula en sí sea diferente de lo que nosotros recordamos, que era como un museo. En vez de tener 30 niños en un aula con un maestro, y otros 30 niños con otro maestro en el aula de al lado, espero que podamos empezar a romper las paredes. La única razón por la que se necesitaban esas paredes antes era porque la escuela estaba basada en lecciones, en las clases. Todos los escritorios estaban apuntados hacia adelante y los niños debían observar y tomar notas. Ahora tendremos un ámbito escolar interactivo. Estarás teniendo conversaciones, estarás aprendiendo a tu propio ritmo, estarás haciendo trabajos prácticos. Entonces, ahora podremos romper esas paredes y tener un espacio de trabajo común, amplio y vibrante: un lugar de trabajo silencioso, tan inspirador como una biblioteca. Y los niños podrán aprender a su propio ritmo.
—¿Y qué harán los maestros?
—Los niños tendrán mentores. Algunos de los mentores podrán ser alumnos más grandes, que estarán monitoreando a los más pequeños, y también habrá maestros formales que guiarán a los alumnos y les ayudarán a lograr sus metas.
— ¿Habrá calificaciones, como en las escuelas actuales?
—Los alumnos no serán evaluados solamente por los resultados de sus exámenes. Los exámenes seguirán siendo importantes, pero los estudiantes también serán evaluados de dos maneras adicionales que a mi criterio son aún más importantes. La primera es lo que piensan sus pares sobre ellos. Si estoy contratando a alguien, eso es lo que a mí me importa: qué tan bueno eres enseñando, qué tan bueno eres comunicando. Y la segunda será tu creatividad, el portafolios de cosas que has creado. Está bien que hayas sacado una calificación sobresaliente en un examen de álgebra, ¿pero puedes aplicar ese conocimiento? ¿Puedes hacer cosas con eso? 

lunes, marzo 23, 2015

Nancie Atwell, "Premio Nobel" de Educación.


A Nancie Atwell sus más de 40 años de experiencia como profesora no le han «quemado» ni sus energías ni su ilusión. «Me encantan los desafíos y me encanta mi vida como profesora. Espero poder transmitir a los jóvenes que la educación es un privilegio», asegura esta maestra estadounidense que ha sido galardonada con el primer Global Teacher Prize, el premio dotado con un millón de dólares que quiere convertirse en el «Nobel de la enseñanza».
La Fundación Varkey, impulsora de este premio al que se presentaron 5.000 aspirantes de todo el mundo, cree que Atwell «representa todo lo que hace a alguien ser un excelente maestro» por su «constante innovación en sus más de 40 años de enseñanza, tratando de formar ciudadanos del mundo en el aula» y por ser «un líder en el campo de la educación». Su trabajo, subraya la fundación, beneficia «no sólo a sus estudiantes, sino también a otros maestros, a su comunidad y al mundo».
«He aprendido y sigo aprendiendo cómo hacer que una escuela sea un lugar de felicidad y sabiduría para mis estudiantes y para mí», dijo Atwell durante su discurso de aceptación del premio.
Profesora desde 1973, Atwell fundó en 1990 el Centro para la Enseñanza y el Aprendizaje (CTL) en Edgecomb (Maine), donde lleva a la práctica y comparte sus ideas para mejorar la enseñanza de la lectura y la escritura. Atwell, que descubrió su pasión por la lectura cuando una fiebre reumática la postró en la cama siendo niña, presume con orgullo de que sus alumnos leen unos 40 libros al año, frente a los seis u ocho que leen la mayoría de los estudiantes de séptimo y octavo grado. ¿Cómo lo consigue? El secreto, dice, es dejar que el niño elija los libros que quiere leer y los temas sobre los que quiere escribir.
«Cada año, mis alumnos de séptimo y octavo grado eligen y leen entre 30 y 100 títulos. Devoran los libros porque la biblioteca de la clase está llena de historias interesantes de escritores serios, porque tienen tiempo para leer en el colegio, porque esperan poder leer cada noche en su casa y porque 35 años de experiencia me han enseñado que mi trabajo es leer, disfrutar y recomendar literatura para jóvenes a los jóvenes a los que enseño», explicaba la propia Nancie en un artículo en 2010.
Un niño sentado en una habitación tranquila con un buen libro «no es un método de enseñanza llamativo o comercial», pero es la manera de que alguien se convierta en un lector, destaca Atwell, aunque avisa de que tampoco el taller de lectura es una sala de lectura silenciosa prolongada. Hay lectura en voz alta, explicaciones sobre lo que se lee, se explica el significado de palabras desconocidas, la entonación de las frases... «El taller de lectura es una de las cosas más simples y más difíciles que hacemos. Es también el más valioso», añade.
Su meta es que los estudiantes se conviertan en «apasionados, habituales y críticos lectores» y que la lectura les convierta en personas «más inteligentes, más felices, más justas, y más compasivas, debido a los mundos que experimentan dentro de esos cientos de miles de líneas de impresión».
Leer es también el camino para escribir bien, todo un arte que requiere de tiempo, según defiende la fundadora de esta innovadora escuela a la que han acudido más de 600 profesores a lo largo de estos años para aprender métodos de enseñanza más eficaces. En sus talleres de escritura, los estudiantes pueden desarrollar sus propios temas, escribir en distintos géneros, consultar sus borradores con sus maestros y compartir sus ideas. Algunas de las reseñas de los libros que han leído los alumnos del taller se publican en la web del centro y los propios niños confeccionan sus listas de recomendaciones.
La propia Atwell es una autora consagrada, con nueve libros publicados sobre educación. Del más conocido, «In the Middle», ha vendido medio millón de ejemplares y va por su tercera edición. Obra de referencia para los profesores anglosajones, contiene procedimientos detallados, mini lecciones reproducibles, técnicas y estrategias para inculcar la pasión por los libros.
«Estoy convencida de que la enseñanza de las artes del lenguaje es una de las grandes carreras: exige tiempo y energía, pero está llena de significado, vale la pena y es interesante. (...) ¿Qué trabajo podría ser más satisfactorio?», dice Nancie Atwell.
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Esta nota, firmada por M. Arrizabalaga, fue escrita para y publicada en el diario español ABC. Pueden encontrar la nota completa dando clic aquí. Su publicación en este blog obedece a objetivos estrictamente informativos.