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lunes, julio 18, 2016

#EnMangasDeCamisa 09

Esta semana, aplicamos un bálsamo poético a los muy desafortunados acontecimientos recientes (Bangladesh, Bagdad, Estambul, Dallas, Niza, de nuevo Estambul, Luisiana...)

También invito a hacer de la desconexión digital un acto no exclusivo de las vacaciones, sino un hábito de vida en aras de nuestra salud mental y emocional (ojo al ejemplo de Francia).  

Las ideas musicales son de Michael Jackson (a propósito de una lista de los 20 discos más vendidos recientemente redefinida por El País), Damon Albarn (que le canta a un elefantito) y el gran George Harrison. 

Como siempre, bienvenidos sus comentarios y sugerencias... y muchas gracias por compartir. ¡Disfruten mucho... y siempre en mangas de camisa! :-D

viernes, diciembre 25, 2015

"Be a mensch!" (The Apartment, Wilder, 1960)


"That's the way it crumbles... cookie wise".
-- C.C. Baxter

Hace algunos años le preguntaron a Carlos Boyero, crítico de cine de El País, qué película elegiría si sólo pudiera quedarse con una. Respondió que ésta. Pasé mucho tiempo sin verla, porque tengo el prejuicio de que las películas hollywoodenses en blanco y negro son todas comedias ligeras pensadas para el lucimiento de personajes como Frank Sinatra y Marilyn Monroe. Craso error. 

El departamento (en español la tradujeron con el muy desfavorecedor título de Piso de soltero) ha sido una verdadera revelación. Está ubicada en tiempos de Navidad y Año Nuevo, esas semanas (estas semanas) en las que las relaciones interpersonales se vuelven tan líquidas (Bauman dixit): abriendo los brazos y lanzando parabienes a diestra y siniestra. Es en esos días en los que C.C. Baxter (Jack Lemmon), empleado de una compañía de seguros en NY, intenta iniciar una relación con Fran Kubelik (Shirley Maclaine), elevadorista del edificio en el que ambos trabajan. El problema es que la Srita. Kubelik está enamorada del jefe de Baxter (Fred MacMurray). Les reconozco que así contada la trama no suena atractiva (al menos a mí no me lo pareció: por eso no había visto la película ni siquiera después de que un gran crítico la recomendara). 

Los ingredientes del gran cine, como casi siempre, están en los detalles. Baxter tiene la misma ambición de todo joven ejecutivo neoyorquino: ascender en la empresa, y cuanto más pronto mejor. Para ello presta su departamento a varios de sus jefes, para que lleven ahí a sus amantes, esperando éstos le favorezcan con un ascenso pronto. Fran, por su parte, lleva varias relaciones fallidas, y la que ha iniciado con un hombre casado no parece ser mejor que las otras.  

Los elementos están puestos para que, magistralmente combinados por Billy Wilder (director y co-guionista), resulte una película de la que Boyero concluyó: "No conozco ninguna película tan romántica, realista, soñadora, triste, mordaz, sensata, cabrona y bonita como esta". Es, en suma, mucho más que una comedia romántica. Es un filme sobre las relaciones de poder: en pareja, en familia, en el trabajo... Sobre la dignidad que tenemos (o no) en esas relaciones y la forma en la que, empeñados en mantener una idea de lo que "debería ser", dejamos pasar la oportunidad de ser más auténticos, más reales... y más felices. 

Se las recomiendo mucho. Muchísimo. (Está en Netflix)

jueves, julio 24, 2014

"Yo soy Teresa Mendoza"

Estoy de vacaciones. Busco una novela para leer. Una novela gorda, buena, que me entretenga como Dios manda. Reviso mi biblioteca y me topo con El conde de Montecristo. "Pfff... Dumas", pienso. Ya no estoy en edad de leer eso. Recuerdo que hace muchos años Pérez Reverte me recomendó esa novela. "Pfff... Pérez Reverte", pienso.
Estoy insoportable. 
Recuerdo esta entrevista que le hice hace muchos años, en la que menciona la influencia de Dumas en La reina del Sur. Es un buen texto (la entrevista, digo... y La reina del Sur también, con algunas reservas), y nunca lo había compartido en ergozoom. Dado que El Huevo, la revista en la que se publicó, dejó de circular hace varios años, creo que es una buena oportunidad para mantenerla vigente.   

Yo soy Teresa Mendoza

Entrevista a Arturo Pérez-Reverte
-       José Luis González / Revista El Huevo (octubre 2002)
Arturo Pérez-Reverte es como Teresa Mendoza: el éxito le llegó ‘sin querer queriendo’, fue lidiando con él a regañadientes hasta que finalmente se resignó y lo tomó con filosofía. Alfaguara lo hospeda en el hotel Camino Real de la Ciudad de México, donde dos veces por día baja a conceder un par de entrevistas de treinta minutos cada una. Él mismo depuró la lista de medios que la editorial le ofreció para conceder entrevistas, así que sabe muy bien quién lo entrevistará. Yo también sabía a quién iba a hacerle mis preguntas, o al menos creí saberlo por los datos biográficos que obtuve de él. Español, nacido en Cartagena, en 1951. Su padre fue marinero. Él también lo es: posee un yate de 12 metros de eslora en el que pasa varios meses al año.  Fue reportero de guerra durante más de 20 años. Somalia, el Golfo Pérsico, Nicaragua y un largo etcétera hasta que en 1994 decidió intentar como escritor de ficción. El maestro de esgrima fue su primer éxito editorial. Le siguieron El Húsar, La tabla de Flandes, El Club Dumas (llevada al cine por Roman Polanski hace un par de años), La piel del tambor y La carta esférica, entre otras novelas, volúmenes de cuentos y recopilaciones de su trabajo como periodista sin olvidar la exitosísima serie histórica Las aventuras del Capitán Alatriste.
Eso es lo que dice la ficha biográfica de Pérez-Reverte que puede encontrarse en cualquier sitio de Internet dedicado a él y a su obra (los hay por decenas y en varios idiomas). Pero hay números que hacen de Pérez-Reverte, como anotó el escritor tijuanense Luis Humerto Crosthwaite, el king of pop de la literatura española, uno de esos seres que no pisan el suelo cuando caminan: 300 mil ejemplares vendidos de su más reciente novela, La Reina del Sur (Alfaguara, 2002), lo avalan como un fenómeno editorial en boga y alimentan las sospechas de quienes aseguran que Pérez-Reverte no es de esta Tierra.
Precisamente a propósito de La Reina del Sur es que tuve oportunidad de conocer a Arturo hace un par de semanas. La cita fue en el lobby Tamayo del Hotel Camino Real a las 6.30 de la tarde. Media hora antes llegué con una amiga que tiempo atrás me había dicho ser fan de Pérez-Reverte, Diana Sánchez, que iba muy elegante y con su mochila escolar a cuestas. A esa hora ya estaban instalados Gina Bechelany, coordinadora editorial de esta revista, Cecilia Rodarte, colaboradora y amiga de El Huevo y el fotógrafo Rodrigo Elizarrarás. La excitación del grupo era evidente. Cecilia nos enseñaba unas fotos que le había tomado a Arturo diez años atrás; Gina hacía una recapitulación de la obra del cartaginés y Diana lanzaba un gritito extático cada vez que miraba el reloj. Yo revisaba las notas y preguntas que tenía preparadas. Arturo llegó al lobby a las 6:33: pantalón de mezclilla, camisa azul cielo y blazer azul marino. Tras las presentaciones de rigor, se dijo asombrado de tan numerosa comitiva por parte de El Huevo. La sesión de fotos fue en la piscina.
En el lobby quedamos Gina y yo. “Es mucho más guapo que en fotografía”, me dijo. Sonreí, un poco nervioso porque ya era tarde y porque también temí que la “numerosa comitiva” convirtiera la entrevista en un chacoteo con preguntas tutti fruti. Cuando todos regresaron (a las 6.42) llevé a Arturo a una mesa aparte. “Ella nos acompaña. Va a estar calladita”, me informó, tomado a Diana de la mano. Estaba encantada y había intimado con él durante las fotos, según me di cuenta.
“La novela empezó con una canción. Cuando escuché Camelia la Tejana quedé impresionado de la manera en que, en sólo tres minutos, se podía contar una historia tan compleja. Desde entonces tuve la idea de yo mismo contar una historia así y La Reina del Sur es mi respuesta a esa inquietud. Claro: yo no pude hacerlo en tres minutos, pero igual es un corrido. Un corrido de 540 páginas.”
¿Cuál fue el principal reto que significó esta novela para ti?
“Hubo muchos. Quizá el más difícil fue desarrollar el personaje de Teresa Mendoza. Una mujer casi analfabeta que llega a la cúspide en un mundo absolutamente dominado por hombres, como es el del narcotráfico. En ese sentido debí travestirme un poco para saber lo que ella sentía y pensaba. Esa fue la mejor experiencia que me dejó el libro: conocí a la mujer de una manera diferente. Ahora entiendo mejor a las mujeres de mi vida. Luego fue entrar y conocer el mundo del narco. Pasé mucho tiempo caminando Sinaloa, conociendo gente, entrevistando narcos. Tuve que pagar muchas rondas de tequila, pero al final también me invitaron algunas.”
En algunas entrevistas anteriores has mencionado que decidiste ubicar esta historia de narcotráfico en México aludiendo a ciertos “valores” que todavía rigen aquí pero que en Colombia o Europa no. ¿Cuáles son esos valores?
“El narco mexicano es un mundo cerrado regido por códigos muy estrictos. Claro que hay asesinatos y todo ese tipo de cosas, pero también hay valores que definen esas reglas. La lealtad, por ejemplo; el respeto por quienes pertenecen a la familia, al grupo; el ser cabrón, pero no ojete. Cosas que desde luego no justifican el narcotráfico, pero sí lo hacen más humano. No tan bestial como es el crimen en otras partes del mundo.”
Se acaba el tiempo, me anuncia Gina señalando su reloj desde la mesa contigua. Carajo. Llevo dos, tres preguntas y se acaba el tiempo. Decido apresurar un poco las cosas y le pregunto a Arturo sobre la peculiar relación entre Teresa Mendoza y la literatura.

“Los libros hacen a Teresa Mendoza. Son, por decirlo así, el detonador de todo lo que ya es. Se descubre a sí misma en las páginas que lee. Se da cuenta de que todos los libros hablan de ella y así aprende de ellos. Aprende de El conde de Montecristo, por ejemplo. Ya era una mujer inteligente, calculadora, pero a través de los libros expande sus experiencias y desencadena sus ambiciones. Los libros le dan sentido a su vida... como a la de cualquiera a quien le guste leer. Yo no sé cómo hace la gente que no lee para enfrentarse a la vida. Los libros son como los analgésicos: no curan, pero atenúan el dolor y ofrecen esperanza.
Y los narcos que conociste, ¿leían?
Arturo sonríe, simpatizando con mi ingenuidad (o eso quiero pensar), y responde: “No. Ninguno leía. Los que leen son los juniors: la segunda o tercera generación de narcos, esos sí leen. También las esposas de algunos. Pero de los que yo conocí, ninguno.
Y les hace falta, ¿no? Digo, para ser como Teresa Mendoza...
Sí, claro, pero leer no sólo les hace falta a los narcos. Eso nos hace falta a todos.
Ahora es Miriam Baca, la jefa de prensa de Alfaguara, quien se levanta de su mesa y me hace señas: se terminó el tiempo. Asiento con la cabeza y le concedo el último par de minutos de entrevista a Diana.
A lo largo de toda su obra ha escrito varios códigos que rigen la vida de sus personajes pero, ¿cuáles son los valores que rigen el código de vida de Arturo Pérez-Reverte?
“Hay dos cualidades que respeto mucho en la gente. No quiere decir que las tenga yo, pero sí que las respeto en los demás y trato de tenerlas para mí mismo. Son la dignidad y el valor. Ninguna la puedes comprar con dinero. Y mira que con dinero puedes comprar casi cualquier cosa: mujeres, amigos, fama... hasta felicidad, porque con dinero puedes comprar momentos felices, pero no puedes hacerte de dignidad y valor. Yo pasé más de 20 años en guerras viendo lo mejor y lo peor de los seres humanos y puedo decirte que la vida puede pasarse más o menos bien si cuentas con esas dos cosas entre lo que llevas a mano: dignidad y valor.”
Agotado el tiempo, la nutrida comitiva se acerca de nuevo. Todos queremos que Arturo firme nuestro libro. Mientras lo hace, Diana saca de su mochila todos los libros que tiene de Pérez-Reverte. Son más de diez y de algunos yo ni siquiera había escuchado su nombre. Arturo, francamente conmovido, empieza a firmarlos y se despide disculpándose por el poco tiempo que pudo pasar con ella. “Así es esto, dice, quizá alguna vez nos volvamos a encontrar”. Diana llora al entregarle una carta en sobre cerrado. Arturo se aleja y ocupa una mesa lejana en espera de su próximo entrevistador. La nutrida comitiva de El Huevo se va también. Yo me quedo con Diana, que sigue llorando. Me está agradeciendo el haberle presentado a Pérez-Reverte cuando veo que éste se acerca de nuevo. Le pide a Diana que cierre los ojos. Ella no reacciona. Está pasmada. “Cierra los ojos”, le vuelve a decir en tono perentorio, pero tierno, mientras él mismo pone su mano abierta sobre los ojos de mi amiga. Le da un beso en la boca y le dice “adiós”. 

sábado, diciembre 28, 2013

La verdad de "La verdad sobre el caso Harry Quebert"

Hoy terminé de leer La verdad sobre el caso Harry Quebert, primera novela publicada de Joël Dicker. El verano pasado me enteré de que fue el libro de moda en Europa, favorito de los editores en la Feria de Frankfurt en 2012 y tal. Su extensión (¡663 páginas!) me hizo desistir de comprarlo al principio pero hace unos días leí esta entrevista que le hizo Jesús Ruiz al autor y decidí que la novela se convertiría en una de mis lecturas de vacaciones. 
No me arrepiento. Se trata de una novela muy bien escrita y que, como promete su campaña de mercadotecnia, engancha desde el principio. No es un libro de lectura exigente, pero integra los elementos literarios necesarios para sentir que no estás leyendo algo de Dan Brown o Katzenbach. La estructura es relativamente compleja (muy bien llevada) y abona con eficacia a la construcción del suspenso que se mantiene hasta las últimas páginas.
La recomiendo si: quieres leer una novela policiaca sumamente entretenida, bien escrita y cumplidora con los estándares del género.
No la recomiendo si: buscas un producto literario complejo, estilísticamente retador y/o que redefina los lindes de la ficción criminal. 
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Calificación ergozoom: 80/100