Las ideas musicales son de Meghan Trainor (ganadora del Grammy a Mejor Artista Nueva en 2016), y los enooormes Ennio Morricone y Lou Reed (producido por David Bowie).
También están los nombres de los ganadores de la edición especial de La tregua y de la tarjeta Starbucks de 150 pesos. ¡Muchas gracias a todos los que hicieron contacto! La próxima semana habrá más regalos. ;-)
Como siempre, bienvenidos sus comentarios y sugerencias, y muchas gracias por compartir. ¡Disfruten mucho... y siempre en mangas de camisa! :-D
Me topé con este poema de Benedetti pocos días después de enterarme de Ayotzinapa el año pasado. Me dio fuerza entonces, y sobre todo me dio algo qué decirles a mis alumnos y exalumnos. Hoy lo he vuelto a leer y se me ha hecho un nudo en la garganta por su sencillez y potencia.
El día a día en este mundo es tremendamente descorazonador. Pese a ello y aunque no niego ni el llanto ni las tinieblas, elijo la sonrisa y prefiero la luz. No es un acto de evasión sino, al contrario, mi forma de enfrentar esta vida atroz. Pese a París y por París. Pese a Ayotzinapa y por Ayotzinapa. Pese al horror y por el horror. Deseo seguir plantando cara al Mal, inventar la paz así sea a ponchazos y tender manos que ayudan, abrir puertas...
Ser y estar. Aquí y ahora. Lo decido, sí, todavía.
Va el poema:
¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco? ¿sólo grafitti? ¿rock? ¿escepticismo? también les queda no decir amén no dejar que les maten el amor recuperar el habla y la utopía ser jóvenes sin prisa y con memoria situarse en una historia que es la suya no convertirse en viejos prematuros ¿qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de rutina y ruina? ¿cocaína? ¿cerveza? ¿barras bravas? les queda respirar / abrir los ojos descubrir las raíces del horror inventar paz así sea a ponchazos entenderse con la naturaleza y con la lluvia y los relámpagos y con el sentimiento y con la muerte esa loca de atar y desatar ¿qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de consumo y humo? ¿vértigo? ¿asaltos? ¿discotecas? también les queda discutir con dios tanto si existe como si no existe tender manos que ayudan / abrir puertas entre el corazón propio y el ajeno / sobre todo les queda hacer futuro a pesar de los ruines de pasado y los sabios granujas del presente.
Compré el libro del que extraje este texto en la librería Gandhi de Madero justo un año
después de haber empezado a dar clases. La prosa honesta y transparente del
autor me hizo notar, no sin sorpresa, que los mejores profesores no se parecen
(o lo hacen poco) a las figuras angelicales que la cultura popular venera. Con McCourt aprendí a reconocer (y respetar) los momentos en
los que los alumnos me desesperan y los días en los que lo último que deseo
hacer es entrar a "ese grupo" que me revuelve el estómago. Aprendí
que para ser generoso debo a veces también ser egoísta. Y que sentir y pensar
eso no vulnera mi vocación; al contrario: la hace más comprensible, más cercana
a mí, más humana. Porque al final del día (y sobre todo al principio) desde
aquel verano en que inicié esta aventura no ha pasado uno solo sin que ponga en
duda mi vocación. Y la reafirme. Siguiendo la lección del profesor McCourt:
identifiqué lo que amo. Y tengo la inconmensurable fortuna de poder hacerlo
diariamente.
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El texto es del libro de memorias El Profesor, de
Frank McCourt (2005). La música original y la producción del podcast es obra de
José Luis Esquivel. La canción final es "Downside-Up" de Peter
Gabriel.
Estamos a unos cuantos días de la fiesta grande de México y me han llamado la atención algunos mensajes vertidos en redes sociales, como el siguiente del escritor Óscar de la Borbolla, que llama la atención sobre la falta de espíritu tricolor en las fechas que corren:
Con los profesores en la plancha del Zócalo amenazando la fiesta, la reforma fiscal en ciernes y la Selección Mexicana a punto de no participar en un Mundial por primera vez en 24 años, no parece que esté el horno para pastelitos de guayaba ni el molcajete para guacamole.
De todos modos considero imperdonable no aprovechar la oportunidad para recordar y compartir con ustedes el orgullo de ser mexicano no precisamente gracias a sino a pesar de los conflictos sociales, los futbolistas (y directivos) de pacotilla y los gobernantes ineptos que este hermoso país ha de tolerar.
En esta ocasión mi propuesta es musical. Mi sustituto de banderita en el coche es esta selección de piezas que definen a mi país en su variedad y alegría; sonidos para escuchar con agua de horchata; letras para cantar con birria o pozole de por medio. Razones para festejar que nos ha tocado nacer y vivir en una tierra generosa de sonrisas y fértil de hombres y mujeres buenos.
Disto mucho de ser especialista en la materia, pero me arriesgaré a sugerir esta lista de piezas señeras de la cultura mexicana, interpretadas por algunos de los mejores músicos que hemos tenido. Seguramente les parecerá incompleta: aprovechemos esa circunstancia para entrar en contacto y enriquecer la lista con música que consideremos digna de compartir en el ámbito de nuestra fiesta mexicana.
Hasta hace unos días había pensado que el sentido de la vida se encontraba en la búsqueda de la felicidad. No divagaré sobre el significado de esa palabra, pues no es la intención de este post. Lo que intento decir de entrada es que para mí siempre había sido obvia la respuesta a la pregunta: ¿Cuál es el sentido de la vida? Intentar ser felices, respondería. Siempre había pensado que ésa era la única opción. Que no ser feliz no era alternativa, y mucho menos una alternativa consciente.
Pero hace algunos días me topé con una idea absolutamente contrapuesta a ésa. Estaba viendo el primer capítulo de Gossip Girl, esa serie de televisión que relata la vida de un grupo de adolescentes millonarios en Nueva York. Habrá tiempo para comentar la serie en otro post. De momento me quedo con el diálogo de dos personajes. Recuerden que son: 1) adolescentes, 2) millonarios y, para el caso, 3) varones. Están en Central Park, fumando, y uno (Nate) está notablemente conflictuado. El otro (Chuck) le pregunta qué le pasa. El diálogo es más o menos como sigue (la traducción es mía):
Nate: ¿No sientes a veces que nuestras vidas están planeadas por otros? ¿Que vamos a terminar igual que nuestros papás?
Chuck: Wey, ése es un pensamiento espantoso.
Nate: ¿Y no tenemos derecho a elegir... ser felices?
Chuck: Tranquilo, Sócrates. A lo que nosotros tenemos derecho es a mucho dinero, quizá una casa en los Hamptons, un problema con drogas legales... Pero la felicidad no parece estar en el menú. Así que sigue fumando y asegura tu relación con Blair (su novia), porque tienes derecho a disfrutar de ese trasero.
Nunca hasta ahora había pensado que hay gente que renuncia a ser feliz de manera consciente. Que asume que sacar esa opción del menú es, simplemente, el precio que hay que pagar por lo que tiene o va a tener aunque ello implique que otros decidan qué estudiar y dónde, qué tipo de amigos convienen y cuáles no, e incluso de quién es pertinente ser novio o esposo a costa, desde luego, de sacar también del menú ese incómodo y errático concepto llamado "amor".
Así que al final se sacrifican la libertad, la felicidad y el amor por, siguiendo las palabras de Chuck, mucho dinero (mucho, en verdad), una casa de campo en un fraccionamiento de lujo, la oportunidad de evadirse con drogas, alcohol y otras "chucherías" por el estilo y, claro, poder disfrutar todos los traseros que el dinero pueda comprar (que, asumo, son también bastantes y de buena calidad).
Un par de días después me topé con este video en el que el filósofo británico Alan Watts reflexiona en torno a su experiencia con alumnos a los que asesoraba en su camino a la universidad:
No creo en verdades universales. Por eso no me atrevo a juzgar a las personas que, como Chuck de Gossip Girl, deciden hacer del dinero y el glamour su razón de ser. Lo que sí puedo decir es que no lo entiendo. Suscribo cada palabra del discurso de Watts y me parece desconcertante, por decir lo menos, que alguien renuncie conscientemente a los valores que desde mi perspectiva hacen que la vida tenga un poco de sentido. (Supongo que lo mismo pensarán de mí los Chucks que lean este post. Pero ésa es otra historia).
Concluyo con algo que me dijo Arturo Pérez-Reverte cuando lo entrevisté a propósito de la publicación de La reina del Sur: "Hay dos cualidades que respeto mucho en la gente. No quiere decir que las tenga yo, pero sí que las respeto en los demás y trato de tenerlas para mí mismo. Son la dignidad y el valor. Ninguna la puedes comprar con dinero. Y mira que con dinero puedes comprar casi cualquier cosa: mujeres, amigos, fama... hasta felicidad. Porque con dinero puedes comprar momentos felices, pero no puedes hacerte de dignidad y valor. Pasé más de 20 años en guerras viendo lo mejor y lo peor de los seres humanos y puedo decirte que la vida se pasa más o menos bien si cuentas con esas dos cosas entre lo que llevas a mano: dignidad y valor".
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Aprovecho para desearles, sí, un feliz 2013... O que, al menos, éste los encuentre plenos de dignidad y valor. :-) --- Para saber más --> "Why Millennials Want To Be Rich", texto de Nona Willis Aronowitz publicado en el sitio web GOOD.