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domingo, octubre 08, 2017

#EnMangasDeCamisa 22


En días pasados se anunció a Kazuo Ishiguro (Nagasaki, 1954) ganador del Premio Nobel de Literatura 2017. A propósito de ello les recomiendo #EnMangasDeCamisa una de sus novelas más famosas (y también una de las mejores que de cualquier autor he leído en años recientes): me refiero desde luego a Lo que queda del día (The Remains of the Day, 1989).

También les invito a la conferencia Chumel Torres En Vivo que organiza ZEDAL, el grupo estudiantil de debate y liderazgo de la PrepaTec Esmeralda, del que me honro en ser su tutor académico. Por cierto: hay un pase doble a sortear entre quienes respondan un par de preguntas (detalles hacia el final del episodio).

Las ideas musicales son de Peter Gabriel y David Bowie, que nos presentan sendas versiones en vivo de la icónica "Heroes", que precisamente este mes cumple 40 años de haberse presentado al público.

Como siempre: ¡muchas gracias por escuchar y compartir! Y, desde luego, ¡bienvenidos sus comentarios! :-D  



Para saber más: Facebook oficial de ZEDAL y
canal YouTube de Chumel Torres.

jueves, octubre 13, 2016

Vías alternas hacia Bob Dylan


Hace algunos años colaboré en la revista Chilango, invitado por Alejandro Fuentes. Uno de los textos que publiqué fue un acercamiento a Dylan a propósito de un concierto que dio en el Pepsi Center WTC en 2012. La idea era acercarse a Dylan sin su música de por medio. Confío en que les parecerá valiosa esa perspectiva. El texto es de mediados de 2012. 

I'm Not There (DVD, 2007)

Una de las películas más audaces de la década anterior es una biografía cinematográfico-musical de Dylan. Todd Haynes, quien luego filmaría la magnífica teleserie Mildred Pierce para HBO, dirigió a Cate Blanchett, Heath Ledger, Christian Bale y Richard Gere (entre otros), cada uno ofreciendo una faceta distinta del cantante estadounidense. Destacan, además, la edición, la fotografía y, desde luego, la banda sonora en un producto que combina realidad y ficción en una cinta delirante y exquisita. 

Bob Dylan: Artist's Choice (CD, 2008)

Una joya del sello Hear Music. El proyecto Artist's Choice consiste en solicitar a distintos artistas que seleccionen música para recomendar a su público a través de esta colección, para la que Dylan eligió 16 canciones absolutamente bizarras, pero no inesperadas de un artista que bien merece ese calificativo. Encontramos desde algo más o menos previsible en la voz de Billie Holliday (“I Hear Music”) hasta un corrido en español interpretado por Flaco Jiménez con Toby Torres y José Morante. El booklet incluye una breve pero claridosa explicación del artista sobre cada una de las piezas. El disco resulta altamente recomendable para conocer el “Lado B” de Dylan: el de la música que más disfruta escuchar cuando no está haciendo la propia.

Aire de Dylan (novela, 2012)

Sería un error leer este libro esperando una biografía de Dylan. Es una novela acerca de un escritor fracasado que conoce a un adolescente parecido a Dylan que, a su vez, quiere fracasar. Es una de las novelas más arriesgadas de Enrique Vila-Matas, considerado desde hace años uno de los escritores más innovadores e inteligentes de las letras españolas. Y es también, desde luego, un homenaje al músico que, según Vila-Matas, “es el paradigma del artista moderno, el que ha buscado siempre nuevos caminos, el que ha hecho siempre lo que más le apetecía en ese momento. Y el que reúne más personalidades en una sola”.

Crónicas (autobiografía, 2005)

Cada año, en vísperas de que la Academia Sueca dé a conocer al ganador del Nobel de Literatura, el nombre de Bob Dylan se cuela entre periodistas, críticos y villamelones como uno de los favoritos para recibir el premio. Las razones no son exclusivamente musicales: Dylan tiene una valiosa obra literaria más allá del lirismo que ofrecen sus mejores canciones. Ejemplo de ello es este libro, lo más cercano que tenemos a una autobiografía del artista de Minnesota. Imperdible para los fans de sus discos, que descubrirán en sus textos la invención de uno de los más grandes artistas de nuestro tiempo. 

domingo, marzo 20, 2016

'Cinco esquinas'



Soy fan de Mario Vargas Llosa desde la primera vez que leí La ciudad y los perros, una novela que empezó a escribir a los 23 años y que rezuma una potencia narrativa que no le he vuelto a leer. Disto de haber leído su obra completa, pero sí lo he hecho con más de media docena de sus novelas, varias de las cuales me han parecido sobresalientes (La tía Julia y el escribidor me divierte mucho y La fiesta del Chivo me parece un tour de force muy bien logrado). Me dicen que Conversación en la catedral y La casa verde, dos obras suyas que no he leído, son superiores. La primera novela que publicó después del Nobel, El héroe discreto (2013) me pareció buena a secas, se deja leer. Pero Cinco esquinas no llega ni siquiera a ese punto. 

La trama inicia muy bien, con una impetuosa escena lésbica entre dos mujeres de la alta sociedad limeña. Marisa, esposa de un prominente minero, y Chabela, mujer de un acaudalado abogado, amanecen juntas en la cama. Mientras se despereza, Marisa recuerda lo ocurrido la noche anterior y un narrador omnisciente nos da detalles del affaire que estas dos mujeres concreteron. En el segundo capítulo Quique, esposo de Marisa, recibe en su oficina unas fotografías escandalosas que el director de una revista amarilla amenaza con publicar. El lector imagina que son imágenes de Marisa y Chabela, pero la sorpresa es que no, que es Quique quien aparece en esas fotos.

Hasta ahí todo bien. La mesa está puesta para un thriller periodístico-político de altos vuelos. Más aún si consideramos el escenario en el que Vargas Llosa sitúa la trama: los últimos meses del Fujimorato. Pero después de esos dos buenos capítulos (la novela tiene 22) Vargas Llosa se enreda en describirnos personajes menores, aunque importantes para el desarrollo de la acción: el director de la revista amarilla, su redactora estrella, un recitador de poemas venido a menos... Y así va intercalando capítulos hasta que hacia el final los junta a todos en "un remolino" (así titula el capítulo) y resuelve el problema de una manera apenas verosímil y totalmente anticlimática. 

Una decepción. Porque otro Vargas Llosa (ya no el veinteañero de La ciudad y los perros, pero sin duda el adulto mayor de La fiesta del Chivo) hubiera aprovechado esta materia para producir una obra puntillosa y audaz. No es el caso de Cinco esquinas, a la que uno puede fácilmente imaginar que Vargas Llosa no le dedicó tiempo ni empeño. Se le nota a leguas la dejadez, la abulia, la falta de ambición y curiosidad literarias. Recomiendo no pasarse por ahí y revisitar alguno de sus trabajos mejor logrados.
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Cinco esquinas
Mario Vargas Llosa
Alfaguara, 2016
$299 impresa / $159 digital 

jueves, octubre 10, 2013

Mi Munro

Me enteré de la existencia de Alice Munro apenas esta mañana. De inmediato empecé a pedir a amigos y conocidos recomendaciones para acercarme a la Premio Nobel 2013. No hubo mucho éxito: parece que en México no es una autora muy popular. Pero a mediodía una amiga posteó en mi muro de Facebook el texto de un conocido suyo que habla desde una perspectiva entrañable de la autora canadiense. 

Agradezco a Angie Jasso haberme compartido el texto y a Sergio Huidobro su generosidad por permitirme compartirlo con ustedes en ergozoom. 

(Foto: vulture.com)

Mi Munro 

- Sergio Huidobro

A veces, hace años, lograba despertar a tiempo para percibir el olor: llegaba unos minutos antes de la primera vista del sol y antes de que la madera del techo crujiera, cuando el día ya estaba claro pero la niebla no se había despejado ni las gotas de frío habían dejado de formarse en la orilla de los vidrios. Un gallo. Un trote de caballo. La vibración del refrigerador en la cocina. Y eso era todo. Después, llegaba el olor.

Alguna vez, en otra ciudad, alguien me dijo que Alice Munro era una escritora que solo podía leerse a gusto o venderse bien en el primer mundo porque los problemas de sus personajes eran problemas del primer mundo: sin importar el argumento, el drama se centraba en un viaje a Escocia, preparar té, un trayecto en tren o vender una casa de campo.

Lo decía porque yo, latinoamericano en tránsito por un país con monarcas, llevaba como compañía de viaje un volumen de cuentos de Alice Munro, Friend of my Youth o Amistad de Juventud. Las cejas se alzaban en automático si decía que la llevaba y la leía en las noches como recuerdo de mi hogar. Apunto aquí que mis recuerdos estaban enteramente afincados en la colonia Cuautepec, en la casa de mis abuelos, en una zona popular fronteriza de la punta norte del Distrito Federal, que no es precisamente una nación de la Commonwealth ni se parece mucho a Canadá.

Pero lo que me contaba Munro no eran problemas del primer mundo porque ni siquiera eran, estrictamente, problemas: eran vidas, rostros, recuerdos ajenos y destellos de un mundo que sí se parecía al mío: en el mío, las personas también guardaban secretos, también olían a tela húmeda o caldo de pollo, también perdían o ganaban, se embarazaban a edad avanzada, estornudaban o tomaban café con leche con el noticiero de la tarde.

Tal vez los cuentos de Alice Munro a los que les guardo más cariño están en aquel ejemplar de Amistad de Juventud, comprado por inercia en la sede del Instituto Cervantes de una ciudad cuyo idioma desconocía casi por completo, pero también en Demasiada felicidad o en algún New Yorker perdido por ahí. Viviendo, como he vivido siempre, en una ciudad latinoamericana descomunal y abigarrada, hice costumbre el refugiarme en su mundo de esferas silenciosas, terrosas, añejas, tibias y llenas de viento.

Hoy por la mañana, después de varios años, me desperté otra vez a tiempo para percibir el olor: llegó unos minutos antes que el sol, antes de que las maderas crujieran. Aquí no hay gallos, ni caballos, no hay niebla ni se forman gotas de frío en las ventanas. Pero esta mañana se parecía a los veranos que pasé  en provincia, cuando niño, en una casa de campo al pie de la Sierra Norte de Puebla. Se parecía a esos lugares donde las personas guardan secretos, huelen a tela húmeda o a caldo de pollo, donde pierden o ganan, se embarazan a cualquier edad, estornudan o toman café con leche con el noticiero de la tarde. Y era cierto: Alice Munro acababa de ganar el Nobel.

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Sergio Huidobro (Ciudad de México, 1988) cursó estudios en Ciencias de la Comunicación y Escritura Creativa. Colabora con narrativa, ensayo, crónica de viaje y crítica cinematográfica en publicaciones impresas y electrónicas de México, Ecuador y Estados Unidos como Punto de partidaLa Tempestad Universitaria, Revista Mil Mesetas,El FanzinePeriódico de PoesíaContratiempo Ágora, del Centro de Estudios Internacionales del Colegio de México. Ha brindado charlas y co-impartido talleres de escritura y lenguaje audiovisual en recintos como la Fonoteca Nacional; en 2011 recibió el primer lugar en el Concurso de Crítica Cinematográfica Alfonso Reyes-Fósforo en el marco del FICUNAM.