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martes, junio 18, 2013

Cuatro retos de la educación por venir

(Segunda de dos partes)
3. Darse cuenta de que el momento es ahora
En su libro Los próximos treinta años, Álvaro González-Alorda escribe:
Somos los que nacimos en las décadas de 1970 y 1980 tal vez la última generación que utilizó máquinas de escribir y que ahora desliza los dedos en el iPhone a quienes nos toca diseñar la colección de transformaciones sociales, culturales, económicas, políticas y empresariales que los cambios tecnológicos están acelerando. (…) Nuestra generación los que tenemos en torno a 30 años  es una generación “puente”; ni somos “nativos digitales” (Google no existía cuando empezamos a ir al colegio), ni el arrollador volumen de cambios que la historia de la humanidad nos ha preparado nos pilla de retirada. De hecho, nos toca liderarlos durante los treinta años de vida profesional que tenemos por delante, aproximadamente.   (González-Alorda, 12-13)
Ya en algunas ocasiones he comentado con amigos de mi edad el privilegio que nos ha tocado en turno al ser integrantes de una generación “bisagra” (que González-Alorda llama “puente”), es decir, de transición entre quienes en nuestra infancia buscamos información en la Enciclopedia Británica y quienes ahora acuden a Wikipedia. Nuestros líderes, que pertenecen a la generación de nuestros padres, aún batallan con el uso de las nuevas tecnologías y en algunos casos asumen que dar ese paso “no es necesario”.
En este contexto resulta fundamental aprovechar el tiempo y planear esa transición de manera estratégica: de que hagamos bien esta parte de la tarea resultará el éxito o fracaso de nuestro modelo educativo en las próximas décadas.  
4. Poner al profesor en el centro del cambio
http://es.paperblog.com/educacion-en-finlandia-1791488/
Resulta un lugar común decir que el profesor es pieza fundamental del sistema educativo en cualquier parte del mundo. Pero en el caso latinoamericano, y específicamente en el mexicano, la cuestión es más espinosa.
Hace unos días se publicó una nota en BBC Mundo explorando las razones por las que Finlandia encabeza la lista de países mejor educados en el planeta. Lo que más me llama la atención es la importancia que se le da a la calidad de los profesores. Y no me estoy refiriendo a la calidad de lo que el profesor sabe sobre la materia que imparte (no basta que sea especialista en su área) sino a la calidad con la que enseña aquello que sabe. Para muestra un botón: en Finlandia ningún profesor tiene acceso a grupo (de cualquier nivel educativo) sin antes haber cursado una maestría en educación que, dependiendo el grado de especialidad, puede durar entre dos y cinco años. Aún más: la carrera docente es tan demandada que sólo el mejor 10% de los graduados de alguna carrera profesional es elegible para estudiar esta maestría, totalmente financiada por el Estado.
Imaginen si en México a nuestros profesores les solicitáramos mostrar un título de maestría en educación para asignarles grupos: ¿con cuántos profesores nos quedaríamos? Y podemos ir más allá incluso: ¿qué porcentaje de los profesores que ya están dando clases aceptarían cursar una maestría (incluso siendo ésta gratuita) si ésta fuera en educación (y no en cualquier otra área de su interés)?
Desde luego, hay matices que debemos tener en cuenta al momento de compararnos con Finlandia (un país pequeño y culturalmente homogéneo) pero el punto es que en aquel país es prácticamente imposible pensar en un profesor mal preparado para dar clases, que asuma su profesión como una chamba mientras encuentra algo mejor y dé la vuelta cada vez que se le pregunte a qué se dedica (en Finlandia el prestigio social del profesor es equivalente al del médico). 
Y no se trata de un asunto exclusivamente económico (varios países invierten en educación más dinero que Finlandia, sin los mismos ni mejores resultados): es un asunto cultural que debemos atender durante los próximos años para empezar a educar a las generaciones que nos habrán de convertir en una nación cabalmente desarrollada.
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González-Alorda, A. (2010). Los próximos 30 años.  Barcelona: Alienta.