sábado, agosto 05, 2006

Soy guarín...

Amo el capitalismo. Bueno. No sé si "lo amo". Pero sí pienso que, como la democracia en lo político, en lo económico es la menos mala de las opciones. Claro que de un tiempo acá es la única opción. El caso es que trato de quejarme lo menos posible y a veces hasta lo defiendo. Pero hay cosas que nomás no se valen.
Urgido de una camisa blanca ante la inminencia de una boda, voy a un centro comercial y entro a la primera tienda de ropa que encuentro. Pido una camisa blanca. Me preguntan mis medidas. No tengo idea. Me las toman. Buscan la camisa. Me dicen que es 100% algodón y que es justo de mi talla. Se ve bien. Pregunto cuánto cuesta. 999 pesos. Pongo ojos de plato. Pienso ¿mil pesos por una camisa? No lo puedo creer. Tengo el dinero, pero ni de chiste pagaría tanto por una prenda de ropa que, si tiene suerte, sólo usaré una o dos veces al año. El vendedor parece leer mi mente y, con esa sonrisa tan propia de vendedores de camisas finas, me dice Le sale en 300 pesos ya con el descuento. La camisa urge, el tiempo apremia y todavía debo comprar zapatos. Pago. Pero no dejo de pensar en el timo: una camisa de mil pesos que terminan ofertando en 300 nunca costó mil pesos. Lo peor es que sí las venden en mil pesos, y hay gente que las paga a ese precio. Los descuentos increíbles no son descuentos. Son burlas. El sistema simula hacerte un favor cuando en realidad sólo te ve la cara. Porque una cosa es ganar dinero y otra muy diferente exprimir al cliente hasta la grosería, rayando en lo inmoral. Me repatea eso. Por eso, como decia el personaje de Luis de Alba: Soy guarín... ¡pero me fijo!

miércoles, agosto 02, 2006

Carta a López Obrador

Estimado Andrés Manuel López Obrador:

El plantón emprendido por la coalición Por el Bien de Todos, declarado por usted, es una protesta justa, pero no puede ni debe convertirse en un agravio para la ciudad de México al transformarse en un bloqueo de vialidades públicas y afectar a tantos. El bloqueo, no el plantón, es un hecho de insensibilidad profunda que lastima una causa que es de muchísimos. ¿Cómo se puede presionar a los poderosos con algo que en primera y última instancia perjudica a las clases populares? ¿Cuál es la lógica de estos campamentos sobre el arroyo vehicular que provocan tanta indignación?

Como dice muy bien el editorial de La Jornada, "esta forma de lucha sería inobjetable y legítima si la presencia de los manifestantes se limitara a aceras, camellones y áreas no vehiculares, y no impidieran el libre tránsito a los ciudadanos. Pero la colocación de los campamentos en las vialidades constituye, además de un error político que dará munición a los críticos del movimiento y les enajenará voluntades y simpatías ciudadanas, un atropello a los derechos de terceros que deben ser tutelados y garantizados por el gobierno capitalino".

Si no quieren desvirtuarse, las causas legítimas y legales no deben imponerse sobre una ciudad y sus habitantes, y es injusto lastimar primero a los capitalinos, y sus autoridades, y dejar para más tarde la confrontación con los responsables de ese magno fraude que se inició con el desafuero. No le hallamos sentido a esta agresión deliberada a los derechos de trabajadores, automovilistas, pasajeros y choferes de autobuses y taxis. No vemos de qué modo se avanza en la justicia electoral si en el camino se ofende sin razón a una sociedad. No se puede reducir un movimiento nacional a un problema grave de vialidad. No se puede dejar en segundo plano la marcha más grande de la historia de la ciudad de México.

Insistimos: el plantón no es la afrenta, sino el estrangulamiento de calles y avenidas.

Atentamente:

Rolando Cordera, Carlos Monsiváis, Adolfo Sánchez Rebolledo y Jenaro Villamil
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(Publicada ayer en La Jornada)

lunes, julio 31, 2006

¿Método o locura?

Otra imperdible columna de Denise Dresser hoy en Reforma:

"Aquellos que los dioses quieren destruir, primero enloquecen", escribió Eurípides. Y muchos que observan a Andrés Manuel López Obrador piensan que ha enloquecido. Que ha perdido la cordura. Que se le ha caído un tornillo y aunque convoque a millones en el Zócalo, ha perdido toda oportunidad de encontrarlo. Porque gran parte de lo que hace va en contra de su aspiración presidencial. Porque gran parte de lo que dice hace imposible cumplirla. Si en realidad su objetivo es llegar a Los Pinos, su comportamiento de las últimas semanas dificulta que algún día llegue allí. Toda acción entraña -lógicamente- consecuencias, y las de AMLO corren en sentido contrario de alguien que quiere, alguna vez, gobernar al país.

Basta con imaginarse el siguiente escenario: ¿Y si el Trife ordenara un recuento total o parcial de los votos y López Obrador fuera declarado el ganador? Lograría ser Presidente pero le resultaría extraordinariamente difícil conducir al país. Lograría arribar a Palacio Nacional pero le resultaría imposible generar consensos desde allí. Porque en México -como en cualquier otro sistema capitalista a nivel mundial- existen actores clave para el funcionamiento de una economía, y en las últimas semanas AMLO se ha dedicado a alienarlos a todos. Con las protestas en Walmart. Con el bloqueo a la Bolsa Mexicana de Valores. Con el llamado al boicot de productos estadounidenses. Con las declaraciones intempestivas de Jesús Ortega contra el Consejo Coordinador Empresarial. Con la posibilidad de marchas que bloqueen carreteras y cierren aeropuertos. Con el uso de la palabra "insurrección" y la amenaza de fomentarla.

Todas esas posturas son políticamente correctas pero estratégicamente erróneas. Todas esas palabras movilizan a grupos incondicionales pero asustan a quienes no lo son. Con ellas AMLO va erigiendo obstáculos en su camino a la Presidencia en vez de desmantelarlos. Como ha argumentado el experto en transiciones democráticas, Adam Przeworski, para ganar y gobernar en una economía de mercado, la izquierda se ve obligada a domesticarse. A des-radicalizarse. A combinar las demandas de redistribución con los imperativos de la acumulación. A aceptar las reglas básicas del juego mientras intenta reformarlo. Porque no puede llegar al poder y usarlo de manera eficaz de otra manera, dadas las constricciones que coloca el capital, para bien y para mal. Esos inversionistas que requieren seguridad; esas compañías multinacionales que necesitan certeza; esas empresas pequeñas y medianas que exigen predecibilidad. La posición antisistémica de AMLO sólo tiene sentido si ya renunció a la posibilidad de liderear ese sistema que tanto odia.

Porque de lo contrario, está actuando de manera contraproducente. Está haciendo y diciendo todo para asegurar que no será Presidente nunca. O de serlo, gobernará con demasiados factores reales de poder en contra como para no producir una confrontación mayor y dañina para su propia causa. Grupos empresariales que le dieron el beneficio de la duda y ahora se lo retirarán. Miembros potenciales del gabinete con credibilidad internacional que se rehusarán a formar parte de él. Compañías globales en busca de nuevos sitios para invertir que borrarán a México de su lista, ante la incertidumbre que se vislumbra allí. Banqueros que prestaban poco y con altas tasas de interés, que ahora lo harán menos y cobrando más. Miles de electores moderados que ya se arrepintieron de su voto. Elites sociales como las que asistieron a la boda de Marcelo Ebrard, y que de seguir las cosas como van, no volverán a ser fotografiadas en público con él.

Quizás esto no le preocupe al equipo de AMLO pero debería. Quizás esto no le quite el sueño a los perredistas más recalcitrantes pero ojalá lo hiciera. Porque al privilegiar la táctica inmediatista están olvidando la estrategia de largo plazo. La de ir ganando y consolidando posiciones para una izquierda creíble, confiable, que entiende cómo funciona una economía y lo que se debe asegurar -en México y en cualquier parte- para que lo haga bien. La de poner primero a los pobres con políticas públicas viables, que combinen la responsabilidad del Estado con los requerimientos del mercado. La de un líder con la credibilidad suficiente para atemperar los excesos del capitalismo, sin acabar con él. La de ser un Presidente eficaz, más allá de ser un Presidente legítimo.

Esas tareas ineludibles para cualquier dirigente en un mundo globalizado, que su propia tribu sabotearía. Millones de mexicanos legal y pacíficamente empujados a la radicalización y empujando a AMLO a que gobierne así. Todos los miembros de su base dura -a los cuales ha ido enardeciendo- declaración tras declaración. Esos 2 millones de personas que salen a marchar para derrocar al sistema y de ser Presidente, esperarán que lo haga. Con resultados rápidos y cambios tangibles. Encarcelando a Luis Carlos Ugalde y a los consejeros del Instituto Federal Electoral. Exiliando del país a los miembros del Consejo Coordinador Empresarial. Nacionalizando a Televisa y a Reforma. Clausurando todas las fábricas de Sabritas del país. Cerrando la Bolsa Mexicana de Valores y exigiendo que las empresas mexicanas encuentren otras forma de capitalizarse. Demandando que Walmart ponga fin a sus operaciones en México.

Porque ésas serán las demandas que emergerán del movimiento confrontacional que López Obrador está contribuyendo a crear, ¿o no? Ésas son las decisiones de política pública que fluyen de las posturas políticas que los perredistas han promovido últimamente, ¿o no? Propuestas cuyo objetivo no es construir al nuevo país sino destruir a los viejos enemigos. Planteamientos que erigen muros contra la izquierda en lugar de contribuir a su aceptación.

Y por ello se vuelve lógico pensar que la apuesta de AMLO es otra. Ya no la Presidencia de la República sino la conciencia combativa y crítica y radical del país. Ya no Palacio Nacional sino la plaza pública. Ya ni siquiera el recuento de todos los votos, sino la esperanza de que el Trife deseche esa posibilidad. Para entonces poder afirmar que todo fue un fraude, que todo está corrompido, que todo el sistema es un asco. Para poder dedicarse entonces a lo que sabe hacer mejor: pelear, combatir, movilizar. Pasar a la historia como el hombre que quiso ser Presidente, pero prefirió ser piedra en el zapato. Para ser reconocido en los libros de texto gratuito como otro de los revolucionarios que tanto admira. Y demostrar, como lo sugiere Shakespeare en Hamlet, que "Aunque esto sea una locura, hay método en ella".

domingo, julio 30, 2006

¿A quién le habla AMLO?


Es oficial: hemos perdido a AMLO. El tipo está rematadamente chalao.
Reúne por tercera vez a cientos de miles de personas en el Zócalo para informarles las acciones de "resistencia civil pacífica" en aras del recuento de los votos emitidos hace ya cuatro semanas.
Los pejéfobos pensaban que llamaría a cerrar carreteras, bloquear aeropuertos, boicotear empresas... los pejéfilos creían que podía invitar a apagar la luz , a no usar el teléfono, a mandarle cartas a Fox o cualquier cosa así...
Pues no. Lo que hace es pedirles a esos cientos de miles que se queden ahí, en el Zócalo, en "asamblea permanente" hasta que el Tribunal Electoral emita su veredicto (lo cual podría tardar todavía varias semanas). ¿Cómo? ¿Pero es que cree que esa gente no trabaja, no tiene familia ni algo parecido a una vida?
Él piensa la "asamblea permanente" como un Woodstock perredista: invita a formar campamentos, organizar brigadas sanitarias y llevar a cabo actividades culturales (para pasar el rato, supongo) como lecturas de poesía y torneos de ajedrez...
¿A quién le habla AMLO? ¿Cuántos se van a quedar ahí todos estos días? ¿Quiénes lo van a seguir en esta deschavetada propuesta? Porque una cosa salir a la calle a gritar consignas tres horas dos veces al mes y otra muy diferente es quedarse a vivir en la banqueta, bajo el sol y la lluvia, defecando en coladeras y viviendo de la "solidaridad" de la gente...
Una cosa es respaldar a un líder y otra seguir a un loco.

lunes, julio 24, 2006

Nobleza obliga

Jorge Pedro Uribe, amigo desde hace ¿veinte años?, me hizo el favor de publicar una reseña de este blog en su sección MetroBuzz de la revista dF de este mes.
No he tenido la oportunidad de ver lo que escribió pero me acabo de enterar de que un lector llegó aquí gracias a ese comentario, así que pienso comprar la revista mañana mismo...
Agradezco entonces y, claro, los invito a leer su sección cada mes en dF y su blog también (jorgepedro.blogspot.com).
Saludos, Jorge.